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viernes, 18 de diciembre de 2009

Violators Pru pruuu Expedition en Sierra Nevada


Domingo, 6 diciembre
¿Recordáis cuando os dije que me había enamorado de los cielos, de las nubes, de los remolinos abstractos que el viento traza en Sierra Nevada? ¿Sí?

Pues cumplí mi promesa.
Dije que volvería pronto, y así ha sido. Mi última (y primera) estancia allí fue a finales de marzo, en parte para aclimatar e ir al Atlas, y en parte porque tenía que coronar ya un tresmil y llevarme ya alguna cima de esa altitud al bolsillo, dado que siempre me quedaba a medias por cualquier problema de diversa índole inesperada y mal avenido…

Pues eso, que este puentico de diciembre tocaba cumplir propósitos y así sucedió.
Viaje a Sierra Nevada con Sara, Rafa, Tomeu y Jorge, al cual conocí ese mismo domingo.

Algo más tarde de lo previsto, de resacón por mi parte y con unos mochilones y una compra más grandes que cualquiera de nosotros, a eso de las 9 de la noche, salimos de Móstoles dirección A-4 y que vuele la imaginación.
Paradita a comer algo en una gasofa de… ¿quizá Ciudad Real? y continuamos, que para mañana es tarde.

Llegamos a la Hoya de la Mora… pues no sé, pero cerca de los 2:30 fijo, con muchas risas y cachondeo gracias al programa de Treintaytantos en RNE y a las tres fiesteras chicas que nos cuentan y destripan cosas tan reales como aquellas que suceden en las noches madrileñas, en cualquier garito y en cualquier otro punto del país… y nos echamos a dormir. Sara y yo en el coche de Jorge. ¡Qué calorcitooo! Y los machos montañeros de culitos prietos al parking. Colocamos los coches para intentar evitar y cortar algo de viento (tarea ardua y complicada en Sierra Nevada) y allí se colocaron las esterillas y los sacos y ala, a pasar lo que queda de noche, que va a ser que queda poca…


Lunes, 7 de diciembre

Nos desperezamos. Los chicos primero, digo yo por aquello del frío y demás, y también por la chatunga que les fue a hacer las famosas encuestas de la zona. Desayunan mientras Sara y yo remoloneamos más rato en el coche.
Rafa me viola por primera vez en el aturdimiento primerizo del día... Y al rato, más despiertas, primera colocación de macutos y un cafetazo en el albergue antes de empezar la travesía para ir entonando. Aunque como imagináis, ya después de la violación ya me había quedado bastante entonada… y no sé si para bien o para mal... jeje

Comenzamos, y como no vamos ligeros, calculamos cinco horas, y en realidad tardamos algo más… Aunque no mucho más.
Jorge y yo tomamos la delantera, y a ratos por la pista, a trozos por neveros entre medias, hablando y caminando vamos acercándonos a las odiosas pistas de esquí y a tener una mayor visibilidad de la sierra y del majestuoso Veleta.
Paramos ya bastante arriba a descansar un rato, y a esperar al resto de miembros del equipo Violators Pru pruuuu en una destartalada y antigua casa del material técnico de las pistas.

Se hacen de rogar (¡como los buenos!) y yo mientras también imparto el colegueo con otra gente que hay por allí. Cuando les vemos aparecer bajo a echarles una mano, en especial a Rafa que el pobre llevaba macuto por partida doble, y a ver cómo andan.

Comemos algo juntos los cinco, y continuamos. Ahora todo por pista, pues ya vamos reventados y aún queda un trecho.
La idea es llegar al refugio forestal Villavientos, pasado el Veleta y el refugio de la Carihuela, en el lado más cercano al Mulhacén, pero el cansancio, el peso y todo lo ya ascendido nos pesan demasiado y al final, después del largo trayecto final que a todos se nos antojó eterno y latoso, dormiremos en el refugio vicac de la Carihuela, donde por suerte no hay mucha peña y sólo está Jose el sevillano, gran conocedor de toda la sierra.
Tiramos los bártulos y comemos o cenamos ya en condiciones. El atardecer se nos echa encima sin darnos cuenta, y tras algo de charla, decidir que haremos el Veleta antes del amanecer del día siguiente y unas últimas fotos...
...nos introducimos en los sacos.

Como yo no suelo dormir en la montaña y Rafa es consciente de ello, el pobre intenta cantarme nanas, pero sólo se sabe la de WarCry (guerreros y enemigos por doquiér... a ver quién se duerme así...) y la típica canción infantil de la que todos sabemos la melodía, pero la jodía letra se nos resiste. Algo así como el himno nacional… ¿no?

Y nada, después de compartir mini-almohada, anécdotas, nanas y otras canciones un poco más dignas y molonas, él se duerme y yo me dedico a dar vueltas en el saco, a contar vacas, ovejas y todo ganado que se me ponga por delante, a tararear canciones en mi mente y a escuchar con resignación los sonoros aunque por suerte lights ronquidos del compañero de refugio Jose, aquel que no durmió... como dijo al día siguiente.


Martes, 8 de diciembre

Suena el despertador de un móvil, y no tan vaguetes como otros días que vendrían después… Nos levantamos al rico té y desayuno que nos hacía el chef Tomeu, y yo agradezco que aunque siga siendo de noche, ya estemos todos en pie. ¡Las noches son eternas y aburridas a cualquier altitud sin dormir!
Nos llenamos las tripas y una mínima luz ya empieza a asomar por la costa y tierra de Almería. Y eso que queríamos hacer una nocturna al Veleta…
Aunque eso sí, de noche y con los crampones calzados, empezamos a ascender la loma que no tiene toda la nieve que esperábamos.
El alba ya nos araña el espíritu y entretiene la mirada y el paso, y no podemos dejar de admirar la belleza y detenernos casa 2x3 y 3x4 para visualizar el espectáculo que tenemos ante y frente a nosotros. Y encima en soledad.
Sempiternas auroras en los interminables cielos y nunca quietos vientos y aires de Sierra Nevada. Mágico. Y en poco más de 50m ya oteamos el vértice geodésico y la cumbre tan ansiada.
Ahora… Sí! Cumbre del Veleta anclado y varado a 3.396m sobre el nivel del mar; el cual se ve, yo me enamoro los ojos con su magnitud y claridad y… no sólo con eso, también tenemos visible Marruecos y parte del continente africano. Mágico.

Fotos y alegría visible por parte de todos. Se ve tooooodooo y más allá.
Y yo me imagino a las gaviotas por debajo de nosotros, ajenas a todo lo que acontece fuera de sus terrenos marinos. Y cruzando mares, mentes, oleajes...

Echo de menos a aquellos que no hacen lo que yo, pero que también están dentro de mí y una sonrisa pícara y diabluna se me escapa, dirección Madrid e Inglaterra. Convencida de que a más de uno le ha llegado y ha susurrado algo jamás o rara vez escuchado al oído.

Y entre tanto, me pierdo en fábulas de invención y por una vez, creo que no fui la última en bajar de la cumbre. Esos segunditos en los que a mí me gusta recrearme a solas…

Nos asomamos un poco más por debajo de la cumbre, al lado norte de la montaña. Precioso, puro hielo. La frialdad de la montaña que al menos por un lado se siente más altiva y libre de intrusos.
Qué pared tan cruelmente flemática.
Y los intrusos que por esta vez somos nosotros, ya vamos de camino al refugio entre risas y más vistas al teatro de paisajes y luces que nos ha regalado el cielo y el buen tiempo.

Llegamos, y creo que volvimos a desayunar algo más. Volvimos a recolocar los macutos, pues hoy sí tiraríamos para el Villavientos. Llegan más montañeros de paso al refu, pero hoy todos ya bajan de nuevo a Granada, pues a ellos se les ha acabado el puente y lo bueno que se daba por estos lares, mientras nosotros entramos y salimos mil veces reorganizando peso y material.
Ya con el sol bastante alto, empezamos a tirar hacia el otro refugio, con un calorazo andaluz que pa qué quillooo…

Sin pérdida, seguimos la pista y aunque se nos hace más largo de lo que habíamos imaginado dado que el camino hace más zetas que las que se veían desde la Carihuela, una vez llegamos a esta brecha entre las piedras y pizarras, ya el Villavientos queda a un tiro de piedra.
Unas dos horas desde el de la Carihuela o cerquita, eso sí, bien cargaditos.

Ya en el refugio, pues lo mismo. Más comida, más té y más fotos al atardecer.
Jorge duerme como un niño, y nosotros somos como niños.
Nos acurrucamos entre un primer saco de Tomeu, el resto de la expedición. Tenemos frío, y Sara baja su saco. Seguimos acurrucados y metiéndonos mano, pies, codos, culos... Menuda orgía más extraña ésta. Tomeu, el más listo, se ha introducido en su saco y pasa de todo y de nosotros a la vez. ¿Pero qué hacemos? Somos tontos, si hay más sacos… Pues nada, a bajar el mío y el de Rafa. Nos volvemos a colocar. Yo sobre Rafa y a medias con Sara, éste sobre Sara, y ella sobre Tomeu que sigue a su pedo.
Al poco, entre “Haz la cena”, “No, si no tenemos hambre…”, “No, ahora no, yo ya estoy durmiendo”, “Marta ¿quieres qué te viole?”, etc. vemos una cabeza del revés flotante asomando sobre la tarima de madera que dice con voz que suena somnolienta algo así como: ¿Qué hacéis? Que tengo hambre…

Qué cabrón, nos abandona en la orgía, duerme más que el sevillano de la Carihuela y encima nos exige la cena… ¡Pues habrá que cenar ya!

Y cenamos y seguimos con el cachondeo. “¡Id fuera y traed nieve!” “Alguien no lavó sus cacharros” “No, no, es que no me habéis dado tiempo a hacerlo…” Muy rico todo.

Y ahora sí, ya en orden la casa y con las tripas llenas… éstos se meten a los sacos y a mí me permiten poner música, yo a cambio les digo que no será demasiado brusca ni metalera, que la elegiré un poquito para no ahuyentarles al día siguiente o que me dejen sin comida… Algo difícil pues hay par dar y tomar, pero más vale prevenir...

Me relajo, echo de menos un billar, y mi ausencia se balancea en los océanos asfaltados y edificios de cristal, se pierde entre un café largo con leche o mejor un copazo de ron, también inexistentes. Y bueno, tras ser DJ y poner canciones que me piden, si es que las tengo en el móvil, llega la hora más odiada para mí en cada viaje de montaña. ¡El saco!


Miércoles, 9 de diciembre

Noche “no muy” larga, aunque ¡buf! y me parece mentira, habré dormido cerca de una hora. De ahí que cuando la alarma del mismo móvil relampagueé algo de estruendo en el silente refugio durante la noche, y que pone en pie a Rafa y Tomeu que van a hacer una canal o canuto como dicen por estos lugares cercana al refugio, me haga negarme a irme con ellos como dije el día anterior y quedarme en el refugio con Sara y Jorge dormitando algo más.

Los de la canal, no tardan mucho en volver y se vuelven a acostar. Y al cabo de hora y media lo menos, nos volvemos a poner en pie todos. Unos más tímidos a abandonar el saco que otros…
Desayuno energético y hoy haremos intento de cima en el Mulhacén.

Salimos del refugio sin mochilas y sin nada más que nosotros mismos y la ilusión. Qué bien sienta caminar sin nada detrás…
Pronto llegamos a la zona del refugio La Caldera, donde éste precioso circo rodea la zona...
...y grandioso también, ya se ve el Mulhacén que aunque no es tan bonito como el Veleta, es el pico más alto de toda la península ibérica.

Decidimos a merced de Sara por dónde tirar: si por la loma oeste, algo más fuerte y abrupta, o por la vía “normal”, donde andaremos más, pero será más suave la subida.
Nos decantamos por la oeste, más a mano y mejor puesta, y empezamos a ascender.
Jorge se adelanta y se queda solo en el ascenso, seguido de mí que le sigo los talones, aunque freno y pego una voz a los de abajo, para que al menos suba Rafa y me suba el chambergo no vaya a ser que por allí arriba pegue el viento y me muera de hipotermia con el buen día que tiempo que estamos teniendo…

Me sale al paso y Tomeu y Sara se quedan por detrás. Ya les esperaremos arriba nosotros.
Y tras unas hermosas vistas pegados a su lado norte, y ya por la parte más fuerte de la subida, estamos a menos de diez metros de la cima… Y no sé si será verdad lo que cuenta la leyenda del rey Muley Hacén y sus cenizas esparcidas en esta montaña, porque nosotros no vimos nada de eso, pero finalmente llegamos y coronamos el techo de la península con todo el subidón que ello conlleva.
A 3.482m tanda de fotitos. Ahora aquí, ahora así, ahora tú, y después yo…
Y echamos un vistazo alrededor y se sigue viendo media España y medio Marruecos y todo! Y el mar vuelve a saludarnos con algún que otro barco en su haber y otro también mar, pero de nubes, sobre él. Estampa inolvidable, aunque no superable a la del Veleta, con el amanecer como telón principal.

Esperamos un rato a Tom y Sara, que no aparecen. Nos asomamos Rafa y yo, no les vemos… Así que decidimos tirar para abajo y despedir la cima, o si eso ya volvemos a subir con ellos de nuevo… Pero no, es una despedida en toda regla, pues ellos están muy abajo y no entendemos qué puede ocurrir, pues parecía que iban subiendo bien.

Aprended la lección:
No os olvidéis jamás una cámara fotográfica en una piedra, roca o cualquier tipo de superficie oscura, si la funda, evidente de la cámara, también es oscura… Vamos, que directamente no soltéis una cámara y la dejéis a merced de las circunstancias; guardadla en un bolsillo, o el macuto más a mano que tengáis, si no sufriréis consecuencias de muy diversa magnitud…

Estaban buscando la cámara de Sara, que la había olvidado en una piedra, al borde del camino. Y como el camino es pequeño, y está poco vacío de pizarrones y rocas negruzcas, ahí los cinco buscando la cámara extraviada, como quien intenta localizar a Wally en sus muchos libros.

Yo por arriba con Sara, tramo por tramo, piedra por piedra… Rafa, entre medias del sendero, y Tomeu y Jorge más por debajo nos parecían cosquillear los pies y el ánimo para que siguiésemos buscando y con un poco de suerte a ver si la encontrábamos.

Entre yo que bajaba extasiada del Mulhacén y medio cegada por el hermano Sol, entre Sara que en las cuestas pronunciadas se le pone dura... ¡La espaldaaa! A ver qué os pensáis, malpensados de mirada sucia... Rafa que yo creo que seguía con el síntoma del embarazo causado por la traumática situación de portear dos macutos ya que Sara no podía por su lesión de espalda, y aunque ganas y entusiasmo no nos faltaron, al final y desde abajo oímos una voz queriendo decir que habían encontrado una cámara, que no sabían cuál era, pero chicos, no creo que el ascenso al Mulhacén sea un camposanto de cámaras perdidas y sin dueño…
Así que, bajamos para abajo, ya por lo menos con la esperanza de que aunque ellos no habían hecho cumbre, la cámara había sido encontrada, y sí, es que finalmente era la de Sara para quien pueda tener duda.

Con otro tresmil en el poder, en las retinas, el recuerdo, y en algunas de nuestras cámaras… volvemos a danzar hacia el refugio, ya con un cercano crepúsculo en los alrededores.

Cena y más fotos al atardecer
Tomeu y Rafa se van a hacer otra canal en el circo de La Caldera, donde está la propia laguna del mismo nombre...
...y yo, les sigo para acompañarles y aunque no vaya a hacer la canal, me quedaré unos minutos en el refugio si no hay nadie, pues me apetece soledad, noche y silencio por unos minutos.

A la vuelta, dado que me entretengo demasiado con mis pensares y la nocturnidad, ellos ya están de vuelta en el refugio y aprovechando que Sara y Jorge también están de pie, Sarita nos da una clase magistral de Astronomía y nos explica diferentes constelaciones.
A mí me tuvo que venir al pelo, porque ya me he visto sorprendida en Madrid mirando como tonta al cielo nocturno sin estrellas y buscando a Lira, Vega y hasta Casiopea, el Cinturón de Orión y el Cisne si me dejan y no me meten en un sanatorio mental antes…

Y nada más, como cada noche ellos al saco, y yo me quedo haciendo tiempo a ver si me tranquilizo e intento relajarme para dormir, poniendo algo de música y me vuelven a pedir temitas, yo vuelvo a ejercer de dj, y finalmente, elijo la última baladita de relax (Amaral si no recuerdo mal) y me subo también con ellos y me meto en mi saco.


Jueves, 10 de diciembre

En teoría, y debió ser así, dijimos de levantarnos sobre las 6:30 o 7 para reordenar todo y volver al refu de La Carihuela, donde ya pasaríamos la última noche y por la zona, haríamos alguna que otra cosita para pasar el día.
Pero no… Sonó la alarma, sí, e hizo su función de tal, pero Tomeu la apagó a pesar de que sonara dos veces, yo pasara del tema pues vi que nadie hablaba, y ni se movían, y nos volvimos a quedar adormilados, que en mi caso, no dormida pero en fase REM.

Cuando ya escuché algo de movimiento y, aunque todos cansados, aún no nos levantamos y nos quedamos charlando en los sacos, mientras el día ya estaba más que iluminado.
Creo que ese día, harta del saco y del descansar pero no dormir, me levanté la primera, y esperé al resto que aún se hicieron más de rogar. Menuda panda vagos estamos hechos…

Nos costó, y yo creo que hasta el desayunar, o creo que fue a mí... Da igual.
Empezamos a vaciar el refugio que nos había servido de casa y hogar durante dos días y dos noches, para meter todo en los macutos y regresar a Carihuela, el de la primera noche y bajo el Veleta.

Lo mismo, sin prisa pero sin pausa, retomamos la pista y llegamos a la primera parte de la travesía, la brecha que a mi tanto me gustó.
Y se sigue, que aún no estamos ni en la mitad del camino… Tomeu se adelanta y Jorge le sigue, yo me quedo entre medias, y al rato me disperso de Rafa y Sara pues me apetece caminar sola un rato.

Al rato, y en una de las revueltas del camino, me paro a descansar y ya Tomeu baja de vuelta para acompañar a Sara. Yo continúo y en otro descanso (se notan estas últimas cuestecitas), espero a Rafa que ya se acerca por debajo, y ya tiramos juntos al refugio donde nos espera Jorge y el apreciada agua, que ninguno llevábamos en las mochilas.

De coña, Jorge y yo empezamos a hablar de que no estaría nada mal bajar hoy al coche y volver a Madrid por la noche; que si un litro de café según bajara yo, y después en Madrid un billar, que si él quería ya ducharse y descansar en condiciones… Total, que al poco aparecen Sara y Tomeu y lo comentamos también con ellos. Y aceptamos entre todos, y decidimos comer algo rápido y bajar hacia el coche y después tirar para Madrid.

Dicho y hecho, en menos de hora y media desde el refugio estábamos ya en los coches, quitándonos las botas y la ropa, poniéndonos algo limpio, reorganizando por última vez los macutos, ya cada uno el suyo propio, y haciendo el reparto de la comida sobrante y del material prestado por unos y otros.

Y uno de mis momentos más ansiados por fin se hace realidad. Volvemos todos al albergue (no sé cuál pues allí hay un montón), y me pido casi casi literal, medio litro de café, mientras ellos también se toman algo. Qué bien sienta (en cierta medida y manera) volver a la civilización…

Y c’est fini. Volvimos a Madrid repartidos en los coches, paramos entre medias a vaciar la vejiga y a comprar algo de papeo, y el bueno de Jorge me acompañó a casa en su coche.

A ver cuándo repetimos otra compañeros de travesía.
¡Hasta pronto!
PD: Y nada más Sierra Nevada, como la primera vez y aún si cabe más encandilada de ti, tus perfiles y montañas, juegos de colores y luces, vientos y sombras, sé, volveré pronto...


¡Feliz Navidad y Feliz y Año a todos! Nos vemos en enero.
...Ahora toca Italia.

lunes, 30 de marzo de 2009

Cerro Pelao, primer 3000m

Sierra Nevada, 28 de marzo

De nuevo tocaba conocer nuevas zonas y macizos montañosos, y era el turno de Sierra Nevada, en Granada. Con mal tiempo en los pronósticos del finde, nos aventuramos a la quedada Afri y yo desde Madrid, y Joseillo, coleguita de África granadino que nos haría las funciones de guía una vez allí.

Quedamos en la estación de Méndez Álvaro alrededor de las 18h, ya que el bule salía a las 18:30h. Cogimos el autobús dirección Granada y en unas cinco horas nos plantamos en la capital.

Vino a recogernos a la estación Joseillo y tiramos dirección Jerez del Marquesado, el pueblo más cercano al refugio Postero Alto, que quedaba a unos once kilómetros en una carretera algo poco convencible para un turismo, donde pasaríamos dos noches.

Llegamos al refu a eso de la 1 de la mañana y dejamos preparados los macutos para el día siguiente metiéndonos en los sacos después para descansar, dado que -¡cómo no!- tocaría madrugar...

A las 7:30h sonó el despertador y con la siempre compañera pereza en los primeros minutos, salimos al comedor para desayunar. Pedazo desayuno nos metimos: café, tostadas, galletas, magdalenas, bizcochos, crema de avellanas... ¡Hubo de todo!

Con la tripa llena y bien animados, comenzaríamos a andar sobre las 9h, abandonando el refugio por el claro sendero que continúa hacia arriba, dirección: cielo gris, nubes y altas montañas nevadas.


Nos encontramos con una manguera de agua, cumpliendo la función de fuente y llenamos las botellas y los camelbak. Aquí, el primer despiste del día...

Joseillo dijo que como andábamos rápido, él tiraba para arriba y que siguiéramos el camino que serpenteaba y luego giraba a la izquierda. Nosotras afirmamos, y al terminar de cargar el agua y guardarla en la mochila, seguimos el sendero más marcado, en línea recta hacia un acantilado, con las líneas de un GR en los postes de madera y charlando como si tal cosa.

Ya nos sonaba raro que no le viéramos, y más cuando le vimos subir en vez de seguir de frente llaneando. En esas estábamos cuando suena el móvil de Afri, y Joseillo dice que nos espera arriba, que le alcancemos como podamos allí. Haciendo uso del troching y tirando para arriba campo a través, tras unas rocas le vemos partiéndose la caja de nosotras.

Un comienzo simpático, por qué no. Después también de avistar un grupo de cabras, todo para arriba, con intención de llegar al cordal principal, el de los tres miles, y allí cumbre en el Cerro Pelao, pasando por las rocas conocidas como Los Ladrones.
Todo va sobre ruedas, y hacemos lo propio. No podemos ser menos.
Empezamos a pisar neveros, y ya cuando llegamos a Los Ladrones, todo se convierte en un desierto blanco y solitario, cada vez azontando más viento. No queda nada, unos metros más arriba ya se ve la cumbre y lo poco que nos queda para pisar la cuerda.
La alcanzamos, viendo ya el panorama entre nieblas del otro lado. Entre cortantes movimientos de aire y niebla aparece fantasmagórica y espectral toda la visión. Qué maravilla, y eso que no hemos llegado a cumbre...

Diez minutejos más y alcanzamos el Cerro Pelao con sus 3.181m de altitud, mi primer tresmil con cumbre. Fotos y más fotos. Alegría, emoción, sonrisas, deseos pedidos y recuerdos a mi gente mientras saco la bandera tibetana amarilla y la dejo ondeando al fuerte viento un rato, sujeta por las piedras.
Contemplamos la panorámica, no conocida para mi, y asombrados nos cuenta y distingue Joseillo que tenemos en nuestra visión: Veleta, Mulhacén, Cerro de los Machos, Alcazaba... Todos los tres miles más altos de España al alcance de la mano, de nuestra mirada.
Sabía que no me podía defraudar mi primera cima en un tres mil, y menos aun en una sierra que no había transitado todavía, pero ésto, fue lo más!!

Tocaba la bajada, y como siempre me quedé la última en cima, despidiéndome en silencio de todo lo que me rodeaba y disfrutando de la soledad de la montaña y el lugar.
Entre culings, sking sobre nuestros pies y atravesar los últimos neveros, llegamos de nuevo a la praderita donde llega la hilera de agua que transporta el deshielo y a las rocas donde pudimos recrearnos largo tiempo haciendo fotos, charlando y disfrutando de una temperatura más cómoda y cálida que la de la cima.

Media hora después, llegaríamos al refugio.
A eso de las 20h nos sirvieron una cuantiosa cena: crema de champiñones con picatostes, spaghetti con tomate, carne de ternera y pollo con champiñones y algo de fruta.
Larga sobremesa con otros compañeros, intercambio de opiniones, lugares, conocimientos... Y nos despedimos de todos ellos porque ya nos "echan" cariñosamente del comedor.

En la habitación, dentro de los sacos cambiamos el horario a los móviles, nos quedamos hasta larga hora contando chistes, intimidades, chismorreos, cantando e imitando al ratón del vídeo, y echamos a dormir a saber a qué hora...


Sierra Nevada, 29 de marzo

Nos despierta el despertador de Joseillo a las 6:30, que no ha cambiado bien la hora a su móvil, y entre medias risas, medio mosqueo, volvemos a intentar dormirnos porque aun nos queda (creemos) una horilla más.
Difícil tarea ya porque nos quedamos discutiendo a oscuras sobre qué hora verdaderamente será y qué haremos en el día...
A las 7:30h vuelve a sonar la alarma de Afri y lo mismo:
Pero... ¿son realmente las 7:30?
Mira que si es más pronto, no nos levantamos... Risas, y más risas.

Lo hacemos, y yo, la más perezosa soy la que más tarda.

Observamos el día, llueve, hace más frío y hay más niebla que ayer, a veces nieva... Mejor no saldremos a escalar en hielo como dijo Joseillo, ni hacer algo más de pateo como dice Afri, y mucho menos ir a Granada capital, estamos cansados y la verdad, algo vagos. Ya, sin ninguna prisa, desayunamos y verificamos la hora actual.
En efecto, son las 7:45h nos dice el guarda del refugio.

Toda la mañana en el refugio, yo medio durmiendo en el saco y Afri y Joseillo hablando. A mi, para sacarme del letargo y la modorra que me envuelve, deciden sacarme a cuestas dentro del saco, a las frías piedras del suelo del refugio, en plena calle medio lloviendo. Mientras Afri, me graba un vídeo y me hace fotos.

Qué vergüenza, tía ¡No me grabeeees!
Traedme las zapatillas al menos, cabroneeees.
Todo un show el nuestro, qué duda cabe.

Volvemos a la habitación, nos quedamos de charla hasta las 12, contando más chistes, haciendo fotos con la super cámara Nikon de Afri, y va siendo hora de bajar al pueblo.
En Jerez del Marquesado comemos y después vamos a Guadix, el tranquilo y bello pueblo que vio nacer a Joseillo y que él mismo nos muestra y nos da a conocer.
Vuelta a la estación de autobuses de Granada, Joseillo nos regala unas agendas que nos servirán de anecdotario y cuaderno de bitácora en nuestros viajes, y nos despedimos con pesar. Comentamos que él tendrá que venirse a Gredos con nosotras, o a Guadarrama, donde él quiera, ya que le tenemos que hacer de guía por una vez nosotras a él y acepta y promete que cuando pueda lo hará. A ver si es verdad, quillo!

Nosotras adelantamos un par de horitas el billete del bus, y a las 19h ya vamos dirección Madrid con un tresmil en el bolsillo.

¿Qué más se puede pedir?
Me he enamorado de los cielos de Sierra Nevada, y de las maravillosas siluetas que trazan los vientos y sus nubes nunca quietas. Sé, volveré pronto.