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miércoles, 6 de mayo de 2009

Pisapraos Adventures: Toubkal

5 de abril, Toubkal

5:00h. Noche fatal, con mucho calor y excesiva compañía donde también eran invitados los ronquidos, sobre todo de mi “amigo” oriental de al lado. Un caos, vaya.

Bajamos a desayunar, donde el pan sigue estando duro y el desayuno sigue sin sorprender.
Hoy nos ponemos más las pilas y espabilamos antes a la hora de empezar a caminar.

Crampones sobre nuestros pies y alrededor de las 6:15 de la mañana empezamos a subir hacia el Toubkal. Justo a nuestra espalda, desde el refugio empieza el ascenso por una pala que se hace interminable y donde la huella siempre existe bien visible, dado que esto parece una romería y más de 50 personas, unos más madrugadores que otros, hemos decidido hoy hacer el intento a la cumbre más alta de Marruecos.

Todo para arriba, sin pérdida, con mogollón de gente hacia arriba, por arriba y por abajo, y aun con el sol sin espectador en la subida aunque ya empieza a asomar menos tímido, empezamos a cruzar las ollas –pequeños collados- que nos van apareciendo, sempiternas… Ya que detrás de una, siempre aparecen otras dos más, unas más pegadas que otras.

Al llegar a la olla principal, donde a la derecha tendremos el Toubkal Oeste ya visible, tiramos a la izquierda, donde aquí aprovecho y hago unas fotillos a la gente de Madrid y Barcelona. Ya es la última parte del camino, y aunque aún no es visible la cima hasta dentro de algún que otro metro más, ya se nota que estamos muy cerca.

Y ya se ve ahí... Tan cerquita...
Unos minutos más en mi caso, ya que llegué última, a mi ritmo para no variar… ¡¡ y llegada a la cima del norte de África: Toubkal, con 4.167m!!Muchas fotos, y una emoción casi incontenible. De estas cimas que te sorprenden, en todos los sentidos y emociones. Aunque la subida no me entusiasmó tanto como la ascensión al Ras y al Timesguida. Hablamos con la gente, conocidos o no, fotografiamos, nos fotografían, conocemos más gente…

Esto la verdad que parece de todo menos un cuatro mil, oiga… Y descendemos, a pesar de hacer un día y una temperatura estupenda para quedarse por allí arriba, ya que tenemos que volver al refugio, recoger y organizar de nuevo las cosas, y bajar a Imlil, donde nos espera Brahím para dormir allí, como acordamos. En la primera parte de la bajada, antes de llegar al collado principal, África se encuentra a una compañera del Club Alpino llamada Elena, y yo las retrato para que luego tengan un recuerdo del lugar y momento en el que nos hallamos. Desde luego que el mundo es un pañuelo...Y a medio camino entre la cima y el refugio, Paluki, que se puso a hacer y practicar de nuevo culing con Tony, se hace daño en una rodilla por bajar demasiado rápido y por culpa del crampón, que la frenó demasiado. Con lo bien que íbamos… Nos teníamos que despedir del Atlas con alguna anécdota más, claro.
Por lo menos no fue nada muy serio y, aunque más lentos y con la rodilla de Paloma dolorida, llegamos al refugio sin mayores contratiempos.

Y en él, recoger las cosas, colocar macutos, bolsas de viaje, etc. Tendríamos que portear con todo, hasta donde nos esperaría la mula, algo más abajo y donde ya no había nieve en camino, como en la subida.

Pagamos el refugio, donde se portaron genial y encima nos rebajaron el precio a Paluki, Tony y a mí, ya que nos cobraron como si estuviéramos federados sin estarlo, y nos despedimos del alto Atlas hasta la próxima, que a saber cuándo será… Llegamos donde están aparcadas pacientemente las mulas y paramos a comer algo y reponer mientras hablamos con los muleros y porteadores, los mismos que los de la bajada. Nos rechazan amablemente el cerdo, que es lo que más llevábamos sin haberlo pensado, y claro, que no pueden comer por su estricta religión. Comenzamos a descender, con Paloma sobre la mula para no forzar la pierna a petición de los amables porteadores y al rato, no más de cien metros de desnivel, yo también acabo subida a una. No me lo quería perder: despedida a lo grande del Atlas.

Y llegamos donde los bereberes, invitamos a té a los porteadores y a otra gente que había por ahí, y esta vez sí, les compramos algo, regateamos -práctica en la que ya empezamos a ser expertos- e intercambiamos algunas de nuestras cosas por las suyas.
En común sacamos, el típico pañuelito árabe (que es enorme y larguísimo) con el que todos salimos contentos y puesto sobre nuestras cabezas.
Y ya sobre nuestros pies los cuatro, dejamos atrás, esta vez sí que es la definitiva, el macizo montañoso más importante y grande de Marruecos.

Pasamos sobre el río, entre las piedras, y cruzamos un par de pueblos, donde los niños juegan alegres, manosean a Azofaifa que en este viaje triunfó, y los adultos trabajan en unos u otros quehaceres cotidianos de su rutina.

E Imlil, ya estamos allí. Nos acercamos a casa de Brahím, donde nos duchamos y nos relajamos al fin, cenamos y conocemos a un catalán muy cachondo, atleta –aunque confiesa que correr es lo más aburrido que hay en el mundo- y viajero que se ha subido el Toubkal, siendo su primer contacto con la montaña, sólo por querer subir al Kilimanjaro en Tanzania. No llevaba nada de material, a excepción de unas polainas. Le tienen que alquilar botas y crampones en los refugios, nos cuenta. Dice que se acabó su experiencia montañera para él, que lo ha pasado mal y que dejará el techo de África, el Kilimanjaro, para otros...

Después de la cena –caldo caliente, riquísimo con el pan que éste sí que estaba bien, y Tallín no podía ser otra cosa...-, que también compartimos con otra pareja de jóvenes catalanes, y tras aventuras varias compartidas, nos metemos en la habitación que Brahím nos ofrece, muy cómoda y amplia con colchones tirados en el suelo más limpio de lo que esperábamos y después de que Afri me haga un masaje en la espalda que me deja nueva, nos metemos en los sacos esperando pasar la noche mejor que las otras dos anteriores.

martes, 14 de abril de 2009

Pisapraos Adventures: Ras y Timesguida

4 de abril, Alto Atlas de Marruecos

5:45h. Levantamiento general, y aunque hemos dormido más bien poco hemos descansado y nos despertamos con buen ánimo para afrontar el día con una sonrisa. El desayuno, nada del otro mundo, y el pan del que tan bien nos había hablado Afri, está más duro que una piedra. Suponemos de la altitud. Un té con leche al más puro estilo inglés aunque estemos en Marruecos, alguna tostada con la excelente mermelada de higo o de melocotón o fresa y andando.

Nos calzamos las botas y los crampones, y empezamos pateo.
No sabemos cómo lo hemos hecho, pero después de tal madrugón, empezamos a andar sobre las 7:15h. Algo que no entendemos ninguno…

La nieve está perfecta y se nota que por las noches hace buena rasca en la zona. Temperatura, tampoco excesivamente baja: -3ºC. Enseguida iremos entrando en calor. No sabemos aun por dónde subiremos, si por el collado principal llamado Tizi Ougane sobre los 3.750m de altitud, situado en nuestras narices, al fondo del valle de Mizane, o por la canal, que sube directa a la cima de la primera cumbre que deseamos coronar, Ras o Ounanoukrim.

Sin pensarlo demasiado, nos decantamos por la canal, más divertida, con mejor paisaje y encima nos llevará directitos a la cumbre.

Antes de alcanzarla pasaremos unas cascadas de hielo y según vayamos cogiendo algo de altura, tendremos unas preciosas vistas del valle, completamente nevado y que aun hace la estampa más bucólica.




La canal de unos 350 metros de desnivel y con una inclinación aproximada de 35º y un estrechamiento de 45º, nos hace la boca agua. Pisapraos sí, pero con estilo.

Paluki lleva un ritmo imparable, no hay quien la coja. Y yo como buena mariquita, acabo la última, eso sí con el ángel Tony detrás de mí ya que vamos hablando, haciendo fotos, y ya se sabe, no es bueno perder ritmo…



Ya queda menos...


No sé cuánto tardamos en llegar al collado final, pero Paluki y Afri se estaban echando una buena siesta al sol. Menudas máquinas. Nos esperan para hacer cumbre, qué majas.
Y ya lo tenemos ahí, a menos de dos pasos. ¡Cumbre en el Ras y sus 4.083m! Primer cuatro mil del día.



Fotos de cima, de las vistas y panorámicas, de grupo, en solitario, con Azo… Lo típico en estos casos pero aun con mayor expectación y emoción. Que es un 4mil!!


Nos acercamos a la segunda cima y nos sentamos a comer allí.
Estuvimos más de media hora larga y qué bien nos sentó. Disfrutando del calor, la compañía, del Atlas, el horizonte sin límites alrededor, el desierto a lo lejos…
Incluso Tony se echó una siestecita de unos minutos también.

Después del relax y la comida, bajamos al collado que divide las dos montañas del día, y en suave ascenso no tardaremos más de diez minutos...

...en coronar también al Timesguida, el segundo cuatro mil y un pelín más alto que el Ras, con 4.089m sobre el nivel del mar. Toma yaaa!


Se repite escena. Fotos, vídeos, alegría…

Damos a conocer en un vídeo a Súper Azo, la vaca más molona y aventurera de todos los tiempos que aparece con una capa –tibetana- amarilla volando sobre todos nosotros que la contemplamos maravillados.

¿Es un pájaro, es un avión? ¡No! Es Súper Azo en acción.
Que incluso lleva una rosa roja atada a su capa... Mientras observa la pared del Toubkal. Una hermosa imagen para la posteridad.
Y tras estas filosofadas y piradas de pinza comunes y variopintas, decidimos que es hora de bajar, que por mucho que nos guste el espectáculo y demás, hay que bajar se quiera o no.
La bajada se hace cómoda por una pequeña canal con la nieve ya un poco chof y paposilla. Paluki y Toni enfilan culing abajo y Afri y yo, para variar, caminamos de cháchara, aunque en los últimos tramos también nos tienta el descenso con el culo y lo hacemos, aunque la nieve parece frenar... Qué recuerdos de Sierra Nevada nos trajo.

Ya dentro del valle y llaneando, yo me quedo atrás a propósito divagando sobre lo acontecido: las anécdotas, las vivencias, la experiencia de haber subido dos cuatro miles ya y llevar tan sólo un tres mil, memorizando el paisaje, el sol, las nubes, las siluetas…

Cuando alcanzo a mis compañeros de “expedición”, están haciendo prácticas de escalada en hielo, en unas cascadas perfectamente formadas que salen al paso.

Y no mucho después, llegamos al Netler.

Tampoco sé la hora. Es lo que tiene no usar un reloj, pero creo que alrededor de las 17 o así.

Hay mucha más gente en el refugio, se nota que es sábado y mucha gente ha subido hoy. Vamos a ver si intentamos echarnos la siesta antes de que sirvan las cenas. Tarea imposible, ya que entre las risas, chistes con los que Paluki nos sorprende, hablar con los chicos de Navalcarnero, etc. está claro que ahí no hay quien duerma.

¡Y a cenar! A la que llegué tarde ya que me quedé hablando con los Joses de Madrid y se nos fue el tiempo sin pensarlo. Causa de que al llegar, todo estuviese frío y se me quitasen las ganas de comer mucho. Para colmo, el tallín (sin carne) no me entusiasma…
Después un té, algo más de charla con los chicos y al saco que mañana también tocará la campana temprano.