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martes, 27 de septiembre de 2011

Tour del Mont Blanc IV: Rifugio Elena - Ferret - Champex-Lac

VIERNES, 9 de SEPTIEMBRE de 2011

Me desperezo de las últimas. Otra noche larguísima y horrible... Hemos dormido también unos cuantos juntos, aunque no tantos como en Mottets, pero entre la tos crónica de un oriental, que si otro de sus compatriotas de paseo cada dos horas o menos al baño, el de abajo de mi litera que roncaba y no dejaba de moverse... Oséase, que si dije que quería dormir, éste no ha sido mi mejor viaje para ello desde luego. Ni el Elena, mi refugio.

Me levanto a desayunar y lo hago sola ya que Dawn y Steve me han tomado la delantera y cuando yo subía al comedor ellos ya bajaban a preparar sus petates. No hay problema, demuestro mi sociabilidad y me pongo a hablar con una de las camareras de anoche, muy maja y simpática ella, que hasta termina por sentarse a hacerme compañía. Hasta intercambiamos unas palabrejas en spanglish-italian. ¡¡Olé por ella!!

Termino, y cuando vuelvo a la habitación, ayudo a otra de sus compañeras a ventilar un poco la habitación abriendo las ventanas. Hoy vuelvo a ser de las últimas... ¡Y no lo hago nunca a propósito!

Sobre las 8:30h tiro para afuera ya con todo preparado, enciendo el GPS y hago las primeras fotos del día. Ésta, bandera italiana ondeando feliz, desde el balcón del refugio


Y comenzamos, cómo no, de nuevo subiendo


...Subiendo al Grand Col Ferret y con el sol bastante arriba ya como vemos. Aquí, una mirada atrás, al caminito de ayer desde Col de la Seigne y parte del Valle de Aosta en todo su esplendor




Y el Glacier Pré de Bar, con un día precioso y de cielos azules




E incluso, adelantando a gente en la subida, que no se me ha antojado nada pesada ni larga (eran poco más de 500m de desnivel), me planto en el collado. Aquí, llegando


Grand Col Ferret, a 2.537 metros de altitud, frontera natural entre Italia y Suiza






Atrás queda Italia, bellísima y vieja conocida toda ella, y sus alpinas, bien plantadas y con mucha clase, montañas de Alpes


Y de novísima visión, empezamos a contemplar y a deambular por el cantón suizo del Valais. Un pedazo de cielo convertido en tierra con unas montañas siempre famosas, qué duda puede caber del nuevo país: ¡Suiza!




Ya en la bajada, una mirada atrás nunca viene mal, aunque siempre sepa a despedida...


Vaquitas de Milka suizas con espectaculares fondos






Y bajando a buen ritmo, me planto en La Peule, una pequeña granja donde hay cientos de animales de todo tipo y la primera prueba de que me hallo en Suiza, el elemento común más típico de este país cantonal: su bandera izada en lo alto de un poste




Aquí, a quienes adelanté en la bajada desde el collado del Gran Ferret, espero a Dawn y Steve, que imagino que también pararán aquí, y como les prometí ayer en la cena, les invito a lomo ibérico de Salamanca que nunca han probado. Les encanta, y tras probar tan rico manjar según ellos, nos hacemos unas fotos juntos con todas las cámaras disponibles




Qué altos son los jodíos... ¡Estos californianos!
Ellos continúan caminando después de la parada, y yo me quedo un rato más contemplando el paisaje y comiendo chocolate como postre. El sitio es flipante y quiero disfrutarlo.

Pasan unos diez minutos más y continúo dirección Ferret, caminando a media ladera donde las vistas a cualquier lado superan con creces lo que ya traía en mente del país suizo












La localidad de Ferret, ya cercana


Aquí, hasta los árboles y los bosques parecen hablar...
¡Ah, no! Es un cartel de ánimo para un padre. Había algunos más en la bajada...


Cruzamos un río...


...Y nos plantamos en Ferret


Una pequeña población con bar, parada de autobuses y con detalles y casas inimaginables. Sacadas de cuento muchas de ellas








Ahora empiezo a entender porqué me llaman Heidi, después de ver estas adorables casas en mitad de los Alpes, como si de cualquiera de ellas pudiese aparecer ella misma, su abuelito o Niebla comiendo caracoles. O una de sus miles de ovejas y cabras junto a Pedro, el pastorcillo del valle.

Junto a otros franceses que también durmieron en el refugio Elena esta noche, espero el autobús que nos subirá a Orsiéres y a Champex. Hoy será un día corto, y veo que no sólo para mi. Todos empezamos a notar ya el cansancio y a parte, hoy hace un calor extremo, más a estas horas de la tarde. Son cerca de las 13h. Yo no me noto muy cansada, para nada de hecho, pero sí echo de menos a personitas que pudieran caminar conmigo y que la motivación fuese un poco in crescendo...

El autobús sale a menos cuarto, y hace paradas por todos los pueblos y casas que aparecen por azar en la estrecha y sinuoso carretera. Yo no puedo dejar de mirar por la ventana y observar detenidamente la vida de los diferentes lugares. Por un momento, hasta parece que me olvido de mirar hacia arriba y ver sólo a las montañas. Suiza es tan bonita, con sus casas coloridas y su particular amabilidad de sus gentes, que te puedes olvidar de todo lo demás muy fácilmente.

En el autobús iremos aproximadamente diez montañeros, todos ellos haciendo el TMB y de caras más o menos conocidas, pero en una parada, de repente, se suben como quince niños y niñas de entre 5 y 7 años que convierten el autobús en un algarabío y una juerga particular de cada uno de ellos, y como si de un parque infantil se tratara, lo toman por completo. Se suben y se bajan de los asientos, no paran de corretear por el pasillo, de subir y bajar las escaleras de salida, justo donde ando yo sentada. Gritan.
Unas niñas más pequeñas cambian una especie de cartas de colores, los demás juegan al pilla-pilla donde claro, les queda un poco raro el juego dado lo estrecho del lugar.

Una niña, con mirada clara y pelo castaño me saluda, se sienta conmigo y me da la mano sin yo decirla nada. Qué maravilla, de verdad. Me dice su nombre en francés y alguna frase más, que por desgracia no entiendo.
Se llama Denise. Yo también me presento y me vuelve a dar la mano. ¡Bendita educación!
Otros dos, más rebeldes y por atrás, juguetean con mi coleta y me quitan la cámara de fotos entre risas. Les dejo mis bastones de trekking, que los cambio por mi cámara cuando no se dan mucha cuenta, y les digo que los pueden usar como espadas, pero con cuidado no se lastimen o dañen a otros niños. Dicho y hecho, se ponen como locos a jugar con ellos, también compartiéndolos con otros chiquillos más.

Entre parada y parada, niños y niñas siguen subiendo al autobús, que parece no tener problema de cupo. Los niños, muchos de ellos esperan solos en la parada correspondiente, con un chalequito fosforito más que visible para los coches y los residentes de la zona, y el propio conductor es quien baja y les ayuda a subir.
Acuden al colegio en Orsiéres, el único del lugar, como me dice otra niña algo más mayor que no lleva el chaleco fosforescente y que también ha subido con su hermana Daniela, que parece entretenida hojeando un libro con otra amiga.

Menudo viaje más entretenido. De los que no olvidas nunca, seguro.

Paramos en Orsiéres, y esto parece el desembarco de Normandía; decenas de niños descienden a gritos del bus y se empiezan a juntar en dos grupos que dirigen dos chicas jóvenes, quizá sus propias profesoras.
Bajo con los últimos niños, que me devuelven los bastones repartidos entre unos y otros que ya ni recordaba, y en menos de un minuto han desaparecido calle abajo.

La calle se queda tranquila y yo aún sigo con la sonrisa en la boca. Converso algo con los franceses, y también me dicen que van a Champex, que hoy su día es más relajado. Hemos pensado lo mismo...

Orsiéres tiene pinta de ser más grande, pero con ello, menos bonito y con menor encanto. Mucha gente viene aquí a pasar sus vacaciones.
El autobús volverá en 25 minutos...

La estación de tren de Orsiéres


Y una ventana al mundo. ¡Parapente en directo! Envidiable


Vuelve el autobús con el mismo conductor que nos recogió en Ferret y más tranquilo quizá ahora que no hay niños, nos lleva a Champex-Lac, a donde se llega por una carretera empinada, pequeñísima y con dos sentidos de dirección. A mi esto suele gustarme y estoy acostumbrada, pero viendo la cara de Charlotte, a ella no le hace mucha gracia.
En cuanto pillamos una curva cerrada o subimos una recta con una mediana inclinación, a veces mete un gritito bastante agudo que nos deja sordos o en mi caso, me da por reírme en bajito y procurando que no me vea... Un saludo a Charlotte desde aquí.

Nos plantamos en Champex, y yo continúo carretera arriba unos 15 min. para llegar a la gîte de Bon Abri, en Champex d'en Haut donde tengo reserva.
Llego sin problemas, atravesando incluso un tramo de bosque que ya es comienzo de la Ruta Bovina, la que continuaré mañana y que también tiene los desvíos de Arpette, para quien quiera continuar por esa variante.

Me ducho, tiro mis pantalones que durante años me han acompañado pero ya están para el arrastre, con lástima, y subo a Champex a comer, a hacer tiempo para la cena y por supuesto, a conocerlo porque es precioso por lo poquito que he visto y sé y a hacer unas fotos.

Refuge y Gîte de etape Bon Abri


Y sus vistas


Switzerland is different


Recorriendo la fantástica Champex-Lac, con su laguito, sus barquitas de alquiler en plan Retiro en Madrid, sus restaurantes, su maravillosa gente que siempre te saluda al pasar, te preguntan, te prestan su ayuda... ¡El país más limpio, civilizado y educado del mundo!














Me he quedado anonadada con sus calles, su gente, sus iglesias (católica y protestante por si fuera poco) y su todo, básicamente.
Me han repartido números de teléfono por si me pasaba algo, porque según ellos, viajar sola y más transitando montes puede ser peligroso. ¡Toma ya! Que se lo digan a mi madre, a ver qué opina...
Menos mal que no he venido a ligar a los Alpes que sino, hubiera sido un gran comienzo jajaja

Dan las 18:30h y tras unas compras y relacionarme con los primeros francos en monedas, subo de nuevo a Bon Abri para cenar.
Ceno sola, aunque en el comedor hay unas ocho personas bastante más mayores, que también dormirán conmigo. Apenas hablamos, me miran y supongo se extrañarán con mi presencia allí, no lo sé. Yo estoy leyendo la poca información que tengo de la Bovine Route y a ver qué me depara mañana el día, porque veo que la ruta tiene pinta de estar más que indicada, como todo aquí, pero lo que es yo, tengo poquita información.

Termino de cenar: hubo caldo de verduras, ¡por fin! una maravillosa ensalada, de segundo, una especie de carne poco hecha con pimientos, que me da corte pedir que la hagan más y apenas la toco, y tarta de manzana con pasas y queso, mucho queso en mi caso porque me pusieron una bandeja grande (igual pensaron que éramos más personas) y no dudé en comerla entera, sin prisa, mirando por la ventana el atardecer.

Acaricié un buen rato a uno de los gatos del albergue, y paseé por el bosque antes de irme a dormir para bajar la cena mirando al cielo y otear las montañas que sí, efectivamente vistas desde abajo parecen inmensas, lejanas, intocables e impenetrables, pero estando en ellas, no lo parecen tanto. Me gustan cada día más. Qué curioso.
Supongo que mañana, aunque no sepa qué ruta apenas voy a seguir ni por dónde voy a pasar o qué voy a ver o a quién pueda conocer, seguiré por ellas y entre ellas y continuaré enamorándome un poquito más; eso es lo único que tengo claro del día de mañana...


El trackatrá gepesero: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2034449

martes, 20 de septiembre de 2011

Tour del Mont Blanc II: Refuge Nant Borrant - Refuge des Mottets

MIÉRCOLES, 7 de SEPTIEMBRE de 2011.

Amanece en Nant Borrant y los gallos cantan y te despiertan allá como dos horas antes de lo que tenemos previsto... Al menos hoy he dormido algo más. Desayuno con Ann y Nils de nuevo, con los franceses también en la mesa de al lado, ahora menos ruidosos que ayer (menos mal). Igual hasta alguno anda resacoso, comentamos nosotros tres animosos.

Desayunamos fuerte, hoy tenemos "etapa reina" del Tour. Unas cuatro horitas de subida, y otras tantas de bajada, pasando por el mítico Col de Bonhomme, con mil y una leyendas circulando sobre él. Terminamos de hacer los respectivos macutos y yo pongo marcha adelantándome a ellos. Me gusta caminar sola más si estamos a buena hora de la mañana para despejarme a mi manera. Son las 8 y amanece nublado y fresco


La subida, desde primera hora aparece con hermosos paisajes y montañas


Refuge La Balme


Una mirada al valle, hacia atrás, donde el sol parece que anda algo tímido hoy


¡Las vacas Milka existen! (pero no son lilitas ni violetas como nos han hecho creer...)


Una piedra con dos cabezas o unos cuernos muy rockeros, los centinelas del Bonhomme, preciosos aún a lo lejos


Paso por Plan des Dames o Llano de las Damas. Cuenta la leyenda que bajo estos montones de piedras yacen una señora y su criada que, volviendo de Italia, fueron sorpendidas por una gran tormenta y perecieron en este lugar. Otra tradición también cuenta que bajo las piedras se halla una estatua de Mercurio, protector de viajeros y mensajero de Zeus, que inspiró la idea de erigir señalizaciones en los cruces de caminos, llamados hermes (en francés y español). Por ello, al pasar por aquí, debe colocarse otra piedra más al túmulo (cada año más grande y alto) si queremos invocar la protección de Mercurio, o también, recordar a las dos damas aquí fallecidas.




Colaboro con mi piedra, la primera que "me dijo" algo más a los bordes del camino, y la deposito a media altura, pensando más en las pobres féminas caídas justo en este punto del mapa que en la protección de Mercurio y más por colaboración con el montoncito que por superstición.

Algo más alante, hago una parada a comer algo y de paso me autorretrato con el paisaje que voy dejando atrás


Me salen al paso Ann y Nils, y paran conmigo a comer. Compartimos jamón serrano, nueces, pasas y patatas fritas. Estamos unos minutejos, cuando parece que empieza a lloviznar y nada, habrá que ponerse el chubasquero...
Queda en cuatro gotas mal caídas, que ni mojan casi y ya estamos ahí, casi casi en el famoso collado. Nils, mirando lo que queda de subida


Y a mi Ann, me hace otra foto con un bonito fondo


Los últimos metros...


¡Hemos llegado! Y vivos y felices para nuestra suerte


Una de las dos cabezas del centinela


El otro lado


Y despedimos un paisaje más


Lac Jovet


El impresionante y verde valle, y aún visible Les Contamines


Paramos a hacer unas fotos por poco tiempo. El viento que aquí azota es bastante fuerte y queremos continuar y ponernos a sotavento cuanto antes. A parte, que la lluvia empiece de nuevo no es nada descartable pues el día está muy nublado y habrá que "pisarle" si no queremos que nos pille arriba en los collados que aún nos quedan por subir.

De camino a la Croix de Bonhomme


Y en la propia Croix de Bonhomme, a 2.435m


Y el Refuge du Bonhomme, el más alto del tour


Espero unos minutos a resguardo en unas rocas mojadas al belga y a la coreana, sobre todo por ésta última, que va bastante cansada. Cuando veo a Nils me acerco en una carrera y le preguntó que dónde está Ann, que si va detrás de él como yo imaginaba; sí, Ann algo más por debajo nos hace señas con la mano para decirnos que todo va bien. Le gritamos en inglés que la esperamos arriba, en unas rocas que salen al paso donde yo dejé la mochila.
Llega al rato y también hace una pequeña parada. Yo continúo y les dejo de nuevo. Les digo que les esperaré en el Col des Fours, el último collado del día

¡Quién fuera ave para sobrevolar estos parajes!




Esquivando a la tormenta que por suerte parece que se retiene, llego al Col de Fours situado en los 2.665m de altitud






Busco alguna roca donde no llegue el viento y espero a los chicos. En ésas ando cuando veo que están algo más abajo los franceses haciéndome señas. Me acerco, aún no me he quitado la mochila... Están comiendo y me quieren invitar a té y galletas. Qué ingleses. Les digo que estoy pendiente de que Ann, que viene muy cansada y Nils lleguen al collado y ellos también se quedan conmigo esperando.

Aperece Nils y uno de los franceses le pregunta por ella. Dice que llega ahora, que está unos metros por detrás y que no hay problema.
Ahora sí, me tomo el té y las galletas que mezclamos con las mías y las de Nils tranquila con los franceses. Aparece Ann por arriba en el collado, lenta y cansada pero siempre sonriente y saludando. Subimos un francés y yo a por ella, la ayudamos con el macuto y bajamos donde los chicos nos esperan aplaudiendo, especialmente el resto de los franceses. Cachondos...

Se quedan ahí a comer, al menos aquí no llega ni el frío ni el aire, y yo que no soy muy amiga de las grandes multitudes en el monte, digo que continúo para abajo, que tengo frío y no quiero parar ahí.

La bajada que me queda por delante.


Como sé que es larga y empinada, y seguimos con riesgo de lluvia, me lanzo hacia abajo corriendo y no paro más que para hacer alguna foto rápida


Una roca lijada literalmente a causa del viento y especialmente el agua


Más vacas de un color, de Milka... pastando


A la izquierda y hacia arriba estaría Fours. Tremendo bajadón...


Ya sí que sí, mis tripas llevan dando buena parte del día conciertos reclamando algo de comida, y las hago caso aquí abajo, al lado de las vacas. No sé cómo lo hago pero siempre acabo rodeada de bichillos...

Paso unas casas de ganado que dejo a la izquierda y observo aún desde arriba La Ville des Glaciers, bastante insulsa. Como no quiero pasar por ella, continúo a la izquierda por una pista y campo a través para seguir bajando lo que queda hacia la pista de enfrente.

El río me va a impedir cruzar al otro lado, y no me apetece volver hacia atrás y encima, pasar por Glaciers... Otra vez para arriba, donde vuelvo a coger la pista que no sé dónde lleva pero que yo cojo convencida de que tendrá que llevarme a buen puerto.
En efecto, pregunto a un coche que viene de frente, haciendo señas para que pare. Amablemente, me indican y me confirman la situación. Estoy a 20min del refugio y sí, por este lado también puedo llegar y encima lo haré sin cruzarme con gente y no como la pista del otro lado del valle que está hasta arriba de turistas por lo que veo. A unos metros, ya con el glaciar sobre mi cabeza hay un puente que me permitirá cruzar el río que forma el glaciar y llegar a Mottets.




Las nubes no me dejan ver el ahora más cercano Glacier des Glacieres, cuando ya he cruzado el puente y estoy llegando al refugio


Más fieras y bichillos adorables que no dudo en acariciar y fotografiar








Son las 15h. Soy la primera del grupo que dormimos en Nant Borrant en llegar al refugio, pues aún no han llegado ni los franceses ni Ann y Nils. Aunque aquí hay un montón de gente... No sé ni de dónde han salido. Confirmo mi reserva del refugio, me doy un duchazo que es agua bendita y ya cuando acabo y voy a tomar un chocolate en el bar me cruzo con toda la tropa que está de cervezas y me quieren invitar a una. Aún ni se han duchado, solamente Ann veo que trapichea con su mochila para sacar la toalla, ropa limpia y la bolsa de aseo... Qué bien, ya estamos todos juntos de nuevo. Bueno, juntos y con otras 40 personas que no conocemos de nada jejeje

Refuge des Mottets






A las míticas 19h, la hora de la cena en todos los refugios, Ann, Nils y otras 7 personas más compartimos mesa y experiencias. La mayoría de gente viene del otro lado, oséase de Italia, a la que entraremos mañana. O son montañeros que están por la zona y tienen de campo base este refugio. Todo vale en las montañas, y cada cual se lo monta como quiere, por supuesto.

¿La cena? Queso, que no falte, un caldo de verduras, exquisito a mi parecer y de segundo, arroz blanco con una especie de pisto manchego, pero que es francés y salchicas enormes, no alemanas, también de la zona. Ann y yo nos miramos con caras de hambre y sonriendo, hacemos un revuelto por partida doble, ya que repetimos las dos y Nils se toma hasta tres platos. De postre nos dieron a elegir entre una compota de manzana (o algo así) o fruta en almíbar. Ganó la compota de manzana aliñada con almíbar de piña... Encima todo ello aderezado al final con el sonido del acordeón que toca unas de las trabajadoras


Hablamos con una alemana residente en Berlín y con una pareja de holandeses sentados a mi lado que son majísimos. Hacemos sobremesa larga con té y descafeinados incluidos, pero el cansancio empieza a pesarnos a todos, y cuando Ann dice que marcha a dormir, yo que duermo a su lado lado me salgo con ella para no molestarla si voy más tarde y también el resto se retira con nosotras a descansar.
Ha sido una día largo éste. Eso sí, precioso, misterioso y mágico. Además, al final hasta la lluvia nos ha permitido a todos llegar sin mojarnos al refugio.