''No todo se encuentra a los bordes del Camino, sin que haga falta pararse, o cuestionarse nada; a veces debes introducirte en lo desconocido, en el epicentro de algo, para si no conocerlo, al menos intentarlo.''
Todo tiene algo que decirTE (...)
"Encerradme en la locura imperecedera de probabilidad."
Vuelvo a soñar, volver...
Regresó la mente, a regresar...
Y cuánto echo de menos...
Septiembre. Otoño.
Eclipse de tierra taponando el mar de una isla que ya me oprime pensares, aunque me ofreció nuevas y blancas alas, más fuertes.
Tomé prestadas las olas del Mar, y el Sol sonrojó los atardeceres del lugar.
Pronto estaré de vuelta, y caminaremos Octubre de la mano mientras los dragos germinan en la isla del oeste...
¡Ser del mismo nombre! ¡Aquel de la Primera Vez!
¿No oyes los motores del avión o el barco que nos separará?
A mí ya me duelen los latidos -y otro viejo mas renovado adiós se esfumó de los labios-, y aún sigo contando las nubes del cielo y los peces del Mar... Contigo...
(aunque a mí ya los días me marcan la cuenta atrás)
... Como al abandonado Temple Hall donde depositamos las miradas y los amaneceres con los pies mojados y las manos entre la ropa.
Empiezo de cero. Lejos. Qué importan los kilómetros. Nuevos territorios, y yo con ganas de volar en un espacio tan pequeño.
Lanzarote es reducido, pero parece agradable. Parece ayudar a no pensar, aunque no siempre se consigue... ¿Imposibilidad? Añoranza...
Más, ¿dónde queda el recuerdo cuándo creemos perderlo? ¿Quién es el que inicia nuestros actos cuando imaginamos hacer lo correcto?
A VECES no somos los mismos, encerrados en un cuerpo...
Y me he descubierto llorando en más de una ocasión, anhelando, sin respiración de consuelo. Los paseos en la lluviosa ciudad, qué bendita nocturnidad de la mano con Luna. Aquí sí, también brilla, pero aún no me reconoce y he perdido sus saludos, sus lamentos...
Aquí, sí, pero... este lugar no llueve más que mares. No parece recordar. Y hay tanto... La nostalgia crece y me voy quedando sin lágrimas. Tampoco tengo quien las recoja de la arena, quizá el Mar, algún día...
Cuánto de lejos está la otra isla de mis sueños. Y en ella, mi mayor esperanza para calmar las penas, para colmar mis venas de nuevo con el elixir. Con la melancolía tan nuestra, unida a la maldita ciudad -¿odiada, querida?- .
Espejos de cristal... Y las playas sonríen, tan poco... Tan sólo me sienten de verdad en su interior cuando estoy entre el agua cristalina que todo lo rodea, entre los miles de peces que ya aprendo a nombrar y a distinguir. Bautismo sub-Marino: última novedad.
Primera cita, segunda isla, tercera Soledad. Cielo de mil tonalidades como telón de ocaso, muriendo sin danza. Veneno para el agua. Delirios desde la ventana que me observa al dormir...
(...Y las figuras siguen paseando en mis sueños)
La familia siempre seguirá unida. Duda de su existencia, y explicarás la teoría sin demasiada complicación. Qué parejos somos, cuánto tiempo sin vernos... Nuevas Indias, lo que fue tierra en la vieja Pampa Argentina.
La conversación (telefónica) me dolió como jamás empuñé un arma y cualquiera diría que lo hice en aquel instante. Y ni siquiera hicieron falta palabras para entender todo lo que nos queríamos decir...
Hay una vieja canción que no deja de resonar en mí, palpitando las sienes, escupiendo su letra sin piedad. ¡Y sólo tú puedes callarla! ¡Y sigues sin estar! ...
Qué lejanía en mi contra por primera vez acuciante en mi ser. Parezco darme cuenta. Y ahora serían las 0h, pero aquí no son más que las 23h del mismo día.
Ay, todo es tan irreal...
Y esta isla no me pertenece, pero aún permaneceré aquí, por lo que pueda aprender y no desecharé ahora, en serena constancia con el aquí...
No sé qué pintamos, qué escribimos, qué hacemos, qué observamos en el mundo, pero si no fuera por nosotros... ¿Quién sería el autor?
Algo me comentó Celia en Peñalara, y ya me lo confirmó Víctor en el foro: tocaba finde en Gredos y es que ya había ganas por todas partes e iba siendo hora de nuevo. Al final nos juntamos cuatro valientes: Celia, Víctor, Jose y yo. Y por fin llegó el viernes, día en que fuimos para allá. Tras no saber ni dónde tiraríamos, viendo que podría hacer tormenta durante el fin de semana, mirando zonas menos conflictivas con la meteorología y sin nada en claro, en el mismo viaje de ida decidimos ir al circo de Cinco Lagunas, no sólo por su brillantez y majestuosidad, por sus mil opciones para realizar dentro de él, si no también por la gran cantidad de chozos y refugios libres dentro de la zona, así también nos ahorraríamos el peso de las tiendas.
Y no sé a qué hora llegamos a Navalperal de Tormes, donde aparcamos el coche, y tampoco sé a qué hora empezamos a caminar, pero el atardecer estaba cerca y eso era ya era notorio.
La primera parte de la ruta, unos cinco kilómetros o así, hasta la pradera de laGarganta del Pinar, la hicimos sin mayores problemas, y aunque con peso, tiramos ligeros y sin frenarnos. Pero a la que oscureció del todo, con frontales ya en la nuca desde hacía unos cuantos minutos, irrumpió una ligera tormenta, por suerte no muy brusca (aún) pero que algo molestó, y para colmo no encontrábamos sendero por ningún lado y el piorning, deporte que en breves llegará a ser olímpico en Gredos y muchas zonas de Ávila se hizo insoportable.
Vislumbrábamos las gotitas de llovizna entre las luces del frontal y los metros que éste alumbraba por delante, donde a veces también como por arte de magia, aparecían ante nosotros los ojos brillantes y curiosos de las cabras, muy cercanas y amables por esta zona.
A eso de las 23:45h llegamos al Chozo La Barranca,
donde pasaríamos la primera noche. Y tras cenar algo, cambiarnos y acomodarnos lo mejor que podemos, nos metemos en los sacos para intentar dormir y descansar.
Sábado, 23 de mayo
Tras por mi parte no pegar ojo, pasarme media noche escuchando música removiéndome en el saco, la otra media mirando por el angosto ventanuco escuchando la tormenta y sacudiéndome los pensamientos con los truenos y la lluvia que sacudió toda la sierra, para más tarde ver el amanecer que dotó al cielo de la más absoluta negrura al aplastante día plomizo, húmedo y grisáceo que nos acompañó sempiterno casi toda la jornada, y pasando bastante calor, amanece Víctor que fue el primero en levantarse, y yo después de agradecer en silencio que por fin se acabara aquel pequeño infierno de noches eternas que suelo sufrir cuando decido pasar noche/sen la montaña… Nos levantamos y comenzamos a prepararnos tras un energético y rico desayuno para partir.
Hace frío, y empezar –más después de una larga y no dormida noche- siempre resulta perezoso, pero poco a poco vamos ganando altura y ya empezamos a deducirque el día, pocas ganas tiene de escampar y menos de dejarnos otear en condiciones todo el circo. Aún así, nosotros a lo nuestro que es andar y andar.
Alcanzamos Majalaescoba, aún más hermosa, silente y verdosa que la primera vez (justo hacía una semana), y nos hacemos la primera tanda de fotografías grupales del día, cada uno con su propia cámara.
Continuamos, y tras los riscos típicos, y colocarnos el chubasquero...
...pues ya empezaba a caer, vemos la laguna Bajera y nos vamos acercando a las otras cuatro: Brincalobitos, Mediana, Galana y Cimera, donde había unos pescadores que habían pasado noche en una tienda y charlamos unas palabras con ellos, entre otras cosas el mal tiempo de la noche, la maldita tormenta que parecía no querer alejarse y la ocurrencia de haberse venido aquí a pasarla…
Les dejamos a sus quehaceres y nos despedimos, no sin antes parar a comer algo entre unas rocas, hacernos más fotillos de grupo, y decidir qué hacer, pues no estaba el día para muchos bollos u opciones.
Cel tenía una ampicha -más vulgarmente conocido como ampolla- enorme en la planta del pie y eso también era a tener en cuenta. Comentamos posibilidad de ir por la Portilla del Rey y pasar al circo de Gredos, durmiendo en el refugio Elola, pero al no tener reserva y ser un refugio guardado eso rápido lo descartamos (además buscábamos soledad y serenidad y allí no la encontraríamos demasiado), alcanzar el cordal y volver a bajar por la Garganta de Gredos, donde también hay dos chozos para resguardarnos y pernoctar, pero tal y como estaba el día de niebla, lluvia y mal tiempo, no queríamos meternos en algún embolao más serio. Al menos ya habíamos llegado hasta ahí y bueno, siempre teníamos la Barranca de nuevo para nosotros si el tiempo no mejoraba…
Comenzamos la vuelta, no desanimados pero tampoco muy victoriosos, y Jose comentó que para no hacer el recorrido idéntico, podíamos bajar por una canal (sin mucha nieve y toda pedrera) que sale entre las lagunas Galana y Cimera y alcanzar la Hoya de las Berzas, así al menos sería una pequeña circular a Cinco Lagunas.
La canal y más entre la niebla, resultó espectacular y no demasiado larga. Entre medias, nos encontramos con una salamandra de las guapas.
Al volver a La Escoba, paramos a comer largo rato e incluso a intentar echarnos una siestecita y sé de uno que se la echó pero de verdad (eh ¿Encordados? jeje), y total, como ya no teníamos nada de prisa, era pronto y el chozo estaba ahí al lado, ¿qué más se puede hacer si no es disfrutar y relajarte en un lugar así?
De pronto, Víctor nos dio: “LA IDEA”. La tuvo, sin más, y sólo haciendo algo de memoria dado que es un experto conocedor de Gredos y montañero. No fue nada premeditado, ni siquiera habíamos hablado o pensado esta posibilidad. Podíamos cruzar el río, ir remontando la cuerda conocida como Los Barquillos, y llegar a la zona de Las Lagunillas, de ahí pillar otra pequeña pero empinada canal hasta el cordal principal y más alto ya en ese punto, y hacer noche en el Regajo Alto, otro chozo que no conoce por dentro pero que siempre había visto muy grande por fuera.
Y así hicimos, Cel hizo el último esfuerzo con su ampicha y tiramos toítoparriba los cuatro. Tras no pocos esfuerzos en encontrar un lugar donde poder pasar el río sin muchas dificultades, sin posibilidad de caernos o pegarnos un buen trasterazo y mojarnos, ya que éste bajaba aún más crecido que la anterior semana, conseguimos cruzarle a los pocos minutos, y ya de ahí, tirar hacia arriba por un mar de piornos insufribles y malévolos que parecían querer cortarnos el camino que teníamos que recorrer.
Alguna foto, miradas atrás, hacia abajo y hacia el circo, al cual en altura ya íbamos cogiéndole suavemente. Y ya si eso, lo suyo sería encontrar el sendero, que al final, aunque poco pisado y aún así con algo de piorno (más bajo y buenecito eso sí), acabamos por encontrar.
Entre el Risco de las Hoces y ya dentro de Lagunillas, se abren dos pequeños circos a cual más precioso y admirable. Pequeñitos, pero coquetos y desde luego, muy desconocidos por lo que se aprecia en la falta de huella, sendero y la cantidad de césped alto que se ha de pisar. Otros dos nuevos lugares que no se me borrarán de la mente.
Y tras coger agua de un arroyo, pillar algo de energías para afrontar la última pero ardua subida, y flipar con la zona en colores, tiramos hacia el cordal por una pedrera que sube por la derecha y que va bordeando el arroyito que forma el deshielo.
Y llegamos, y a lo lejos, también a mano derecha y sobre otro mar de verdes y temerarios piornos aparece salvador el refugio, bastante grande ya visto desde la distancia. Y volver la vista atrás es una delicia reservada para pocos, y siempre siendo observados por el Cervunal o Cabeza Nevada, que ahora está más lejos, pero más cercanos en lo que se refiere a línea de altitud.
Cruzamos el piornal, una valla de piedras bien colocada, y por un sendero más marcado, llegamos al Regajo Alto, donde pasaremos la segunda y última noche. Lo primero, cambiarnos y ponernos ropa seca, decidir dónde dormirá cada uno y demás y algún que otro intento a una hoguera que se frustró por culpa de una mala organización en cuanto al cierre de puertas y ventana, y que por casi nos ahumadentro… Un desastre, qué podíamos esperar. Al menos los minutejos que se mantuvo encendida, algo se calentó el ambiente, y lo agradecimos todos. Fijaos, qué humareda!
Una cena delicatessen, con unos ricos spaghetti cortesía de Jose y algo de buen picoteo como fue el queso traído por Cel y su rico pan casero hecho por ella misma. Ya quisiera yo haber cenado igual en el Atlas… Y mientras, fuera seguía lloviendo y empezando a gritar en armonía con la noche la tormenta...
Luego, ya de estar en los sacos, un rato de tertulia y charla entretenida y a ver cómo dormimos hoy. Cuando nos quedamos en silencio, me cuelgo los cascos y empiezo a tantear el cansancio, ya muy notable, pero hoy parece que no dormiré tampoco demasiado...
Domingo, 24 de mayo
Solamente llegué a dormir a lo sumo un par de horas. Algo de frío, quizá amainado por la fuerte tormenta, aunque no tanto como esperaba y en general, a excepción del maestro Encordados (menuda envidia verle dormir y oírle roncar), no ha sido nuestra mejor noche. Al menos hemos descansado y estamos fuertes para el descenso.
En el desayuno debatimos la mejor opción: volver a Lagunillas o bajar por el cordal… Por el cordal perderemos altura más lentamente y quizá sea más cómoda la bajada pero hará mucho viento y puede que la niebla nos cubra y desoriente en cualquier momento, mientras que por la cuerda de los Barquillos, volviendo a Lagunillas y al Risco de las Hoces, será algo más abrupta, pero sin tanto riesgo en cuanto al tiempo a emplear y al atmosférico y sin demasiada posibilidad de pérdida.
Nos enfundamos de nuevo los chubasqueros pues más vale prevenir, y bajamos por la misma canalilla que la de subida. Nos encantó volver a bajar por el mismo camino y volver a toparnos con los maravillosos circos enclavados en el Risco de las Hoces.
Ya en la cuerda de los Barquillos, vamos por sendero más abierto y marcado, y se nota la fuerza de las tormentas de la zona cuando pasamos por lo que parecía un cementerio de piornos, todos muertos y tan sólo viéndoles las ramas y los brazos blanquecinos. Como dijo Víctor, también llamado camposanto de ciervos, y con mucha razón pues aquello era más desolador que atrayente.
Llegamos a una pradera de la que surgía un camino empedrado,
y en unos metros de subida, alcanzamos el abatido y viejo Chozo de los Barquillos. Que menudas vistas gasta el tío aún así. Ya quisieran otros…
Tras una obligada parada y no sólo para hacer las fotos de obligación, continuamos descendiendo, ya en pradera y con los piornos en flor con más de mil flores llamativas alrededor nuestro, sin saber cuáles son la mayoría, claro.
Pasamos el Risco Redondo por abajo, mucho más cerquita y grandioso que visto desde la Garganta del Pinar.
Y ya, sin mucha pérdida y mucho tiempo empleado, continuamos por un sendero de vacas, más que evidente por su aspecto e imagino que olor, y llegamos a una pista ancha, que serpenteando en unas curvas largas, que se nos hacen más pesadas porque ya estamos deseando llegar al coche, acaban justo en la indicación que dicta que por ahí se iría hasta Cinco Lagunas o Laguna Grande.
Obviamente, nosotros venimos de allí, y no lo vamos a coger de nuevo. Así que a buen ritmo y ya más que contentos con el resultado obtenido de la ruta, improvisado en todo momento y a última hora por culpa del mal tiempo, llegamos al coche de Jose. Y como no podía ser menos, una vez dentro de éste, ya cambiados y con las botas quitadas, empieza a llover cada vez más fuerte de nuevo. No sé cómo lo hicimos pero el caso, es que nos fuimos librando de todas y de cada una de las tormentazas que nos iban apareciendo a traición. Menuda suerte, nos lo llegan a decir y dudamos si ir o quedarnos en Madrid.
Parada en Hoyos del Espino, cervecitas, platito combinado, y una buena charla que amenice la comida y echarnos unas risas. Comentarios de la ruta, del finde en general, de los sitios visitados y conocidos…
Un pedazo e irrepetible fin de semana, que demuestra que lo peor que puedes hacer si hace mal tiempo y tienes pensado salir a la montaña o donde sea por ello, es que NO TE QUEDES en casa!! Luego seguro lo lamentas…
Y por supuesto, agradecer a Cel que es un encanto, la tía más heavy de todo Soto y de la Pedriza y nos trajo pan del bueno, por querer venirse a conocer un poquito más a este Gredos tan hermoso. A Víctor, por ser un pedazo guía y por esa capacidad de improvisación en todo momento que nos salvó de volver a hacer lo mismo de siempre y nos dejó y dio la oportunidad de dejarnos saborear un poco más el finde que nos quedó redondo y por los comentarios tan cachondos que hace. Y por último y no por ello menos importante, a Jose, otro tío muy grande, simpático como pocos y también un pedazo montañero de los pies a la cabeza, y un grandísimo conductor de paso como demostró en la tormenta eléctrica y de granizo que nos comimos a la vuelta a Madrid.
Y tocaba quitarse la vaguería perra que traía conmigo desde el Atlas y después de un intento a Peñalara en que no me apeteció subir ya fuese por canal o no, en que salí en Gredos a la intentona por tercera vez a Galana y culpé al mal tiempo, a la nieve y al viento –que realmente sí hacía- para no moverme del refugio Elola…
¡¡GreDios me abre sus puertas y me vuelve a quitar la mala racha!!
Y es que éste Gredos, con nuestra estupenda relación, tenía que ser el punto de partida a mis continuas machacadas montañeras, qué leche. Y la pisapraos que suelo ser yo… Pues ya tenía que plantarme y decidir volver a pegarme una buena tunda, que nunca viene mal de vez en cuando, oye.
Y comenzamos crónica. Tocaba una de las míticas y famosas de Gredos, aún para mí desconocida hasta este día: Cinco Lagunas. Quedada con Ángel de Trotamontes y Rosita, mi musa de lo desconocido ya que con ella siempre conozco muchas zonas deseadas y en mi lista de rutas “Urgente por hacer” como ya nos ocurrió en Ocejón y la fantástica sierra de Ayllón.
A eso de las 10h nos ponemos los macutos y salimos desde el aparcamiento que sale bajando de Navalperal, sobre el río Tormes. Y comenzamos atravesando un par de veces el río y ascendiendo después de un cartel indicador hacia la derecha, con el río siempre hacia la misma dirección por un sendero pisadísimo, hermoso y con unas vistas hacia el Cabeza Nevada increíbles y cada vez mayores al circo al que nos iremos acercando.
Tras nueve kilómetros que se hacen cómodos llegamos al chozo La Barranca, muy bien conservado, con chimenea, ventana y con una forma redonda que lo convierte en una casita adorable para quien decida pasar allí la noche y que cuenta con capacidad para cerca de ocho personas.
Comemos algo y nos hacen la foto de rigor en estos casos.
Continuamos y ya el sendero se vuelve más abrupto, pasamos de andar a enriscarnos y a poner manos en algunos pasos como me gusta a mí.
Y el río baja con una fuerza abismal, se nota que estamos en época de deshielo, la mejor para hacer esta ruta y éstas cascadas son la viva muestra. Guapísimas.
Y las cabras, más cerca que nunca incluso que en Galayos. Muy simpáticas y comilonas. Sin zoom, ni nada...
Y aquí, tras los saltos de agua y subiendo por la izquierda, llegamos a la laguna de Majalaescoba, la zona que más me gustó de la ruta y de una belleza espectacular. Apuntado queda un vivac por allí, donde de hecho había un par de tiendas de campaña postradas en la praderita que rodea a toda la inmensa laguna.
Pero hay que seguir y no sólo queríamos ver ésta, que encima y sin saberlo hasta el momento de topármela y que Ángel lo comentara, no cuenta como ninguna de las cinco lagunas que dan nombre a la ruta.
Y volvemos a las piedras, y a seguir el ascenso tras cerca de una hora o así. Y ya vamos a ir visualizando a la primera laguna que tiene por nombre Bajera. Enorme y con un tono verde azulado que le da un toque mágico a toda ella. En ella había un pescador que estaba haciendo entrenamientos de lanzamiento; curioso.
Algo más adelante, dos más: Laguna Mediana y la del nombre más original, Brincalobitos. Bastante más pequeñas que la primera pero igual de hermosas aún con el agua más oscurecida, sin duda.
Y después, también enseguida aparece ante nosotros, la laguna Galana, la cuarta del circo, con mucho hielo todavía.
Y ya ansiosos por llegar a la quinta y a la mayor de todas...
...nos topamos con ella: Laguna Cimera. Prácticamente helada por completo y hallada en un enclave inmejorable, con el grandioso circo rodeándola, meciendo sus aguas y bajo la inquietante mirada de la cumbre que no se quería dejar dominar jamás: Galana.
Paradita para comer y deleitarnos como debe ser en estos casos. Nos quedamos flipados, los tres, y no sabemos a dónde mirar o dirigir la última ojeada. Qué sitio tan espectacular de Gredos, una de sus miles de joyas y con una belleza monumental.
Yo soy muy amiga de las altas cumbres, de los picos y alturas en general, pero desde luego toda esta zona me la patearé en muchas más ocasiones porque me ha encandilado de lo lindo a pesar de no ser lo más alto o ser en sí mismo una cima o montaña.
Absoluta y simplemente: paisaje, lugar y enclave de ensueño, hermoso y solitario, algo que también exijo a mis lugares predilectos.
Y tras el paréntesis, bajamos. Y somos Trotamontes, y queremos hacerlo notar; perdemos el sendero mil veces, bajamos por la peor zona empedrada, toca dar más de dos veces media vuelta y volver a ubicarnos en un lugar más propicio al descenso, sin neveros a ser posible y sin posibilidad de matarnos entre las piedras…
Adelantamos -ya en llano- a unos chicos acompañados de un perro, que a la que nos volvemos a desorientar del camino y estamos un rato y unos cuantos metros haciendo el gañán por otros senderos propios más dados al piorning, nos adelantan ellos, y así sucesivamente unas cuantas más hasta que juntos, casi a la vez, llegamos de nuevo a La Barranca. Hasta ellos mismos nos lo dicen… No pué se!
Y la panorámica al marcharnos, no puede ser más llamativa y atrayente. Y no quisiera huir, ni partir de allí…
No hay palabras. Alucinante, sorprendente, mágico, único...
¡GRE – DiOS!
¿Para qué decir más? ¿Alguien necesita otro argumento para volver o no conocerlo?
En mi caso la respuesta está escrita y se antoja clara: este próximo fin de semana vuelvo con Celia y otros amigos para pasar noche.