domingo 31 de enero de 2010

Todos los Caminos de Santiago

¿Quién de vosotros alguna vez no ha pensado en realizar el Camino de Santiago?
¿Cuántas preguntas nos han surgido después de pensar esto?
¿Cuántas personas conocemos que lo han realizado?
¿Qué sabemos de sus experiencias?
¿Nos gustaría vivirlas a nosotros también?

No, todo esto no es ningún Expediente X...


Viene a propósito de mi amigo Óscar, al que quiero hacer una mención especial aquí y no sólo a él, si no que también a su excelente referencia en internet de los Caminos de Santiago.
Una página web muy útil con todo tipo de información sobre los diferentes Caminos (Vía de la Plata, Camino del Norte, Camino Francés, Ruta de la Lana, Camino del Salvador, Camino de Madrid, etc.) de etapas, de los albergues, las poblaciones, aldeas y pueblos por donde pasaremos, qué llevar, cómo documentarse, encuentro de otros peregrinos, foro donde ya estamos registrados más de 100 miembros, consejos... Todo ello y más, aquí:

http://todosloscaminosdesantiago.com/

Y también en su blog:

http://todosloscaminosdesantiago.com/blog/


¡Gracias por ponerlo tan fácil, peregrino!

viernes 18 de diciembre de 2009

Violators Pru pruuu Expedition en Sierra Nevada


Domingo, 6 diciembre
¿Recordáis cuando os dije que me había enamorado de los cielos, de las nubes, de los remolinos abstractos que el viento traza en Sierra Nevada? ¿Sí?

Pues cumplí mi promesa.
Dije que volvería pronto, y así ha sido. Mi última (y primera) estancia allí fue a finales de marzo, en parte para aclimatar e ir al Atlas, y en parte porque tenía que coronar ya un tresmil y llevarme ya alguna cima de esa altitud al bolsillo, dado que siempre me quedaba a medias por cualquier problema de diversa índole inesperada y mal avenido…

Pues eso, que este puentico de diciembre tocaba cumplir propósitos y así sucedió.
Viaje a Sierra Nevada con Sara, Rafa, Tomeu y Jorge, al cual conocí ese mismo domingo.

Algo más tarde de lo previsto, de resacón por mi parte y con unos mochilones y una compra más grandes que cualquiera de nosotros, a eso de las 9 de la noche, salimos de Móstoles dirección A-4 y que vuele la imaginación.
Paradita a comer algo en una gasofa de… ¿quizá Ciudad Real? y continuamos, que para mañana es tarde.

Llegamos a la Hoya de la Mora… pues no sé, pero cerca de los 2:30 fijo, con muchas risas y cachondeo gracias al programa de Treintaytantos en RNE y a las tres fiesteras chicas que nos cuentan y destripan cosas tan reales como aquellas que suceden en las noches madrileñas, en cualquier garito y en cualquier otro punto del país… y nos echamos a dormir. Sara y yo en el coche de Jorge. ¡Qué calorcitooo! Y los machos montañeros de culitos prietos al parking. Colocamos los coches para intentar evitar y cortar algo de viento (tarea ardua y complicada en Sierra Nevada) y allí se colocaron las esterillas y los sacos y ala, a pasar lo que queda de noche, que va a ser que queda poca…


Lunes, 7 de diciembre

Nos desperezamos. Los chicos primero, digo yo por aquello del frío y demás, y también por la chatunga que les fue a hacer las famosas encuestas de la zona. Desayunan mientras Sara y yo remoloneamos más rato en el coche.
Rafa me viola por primera vez en el aturdimiento primerizo del día... Y al rato, más despiertas, primera colocación de macutos y un cafetazo en el albergue antes de empezar la travesía para ir entonando. Aunque como imagináis, ya después de la violación ya me había quedado bastante entonada… y no sé si para bien o para mal... jeje

Comenzamos, y como no vamos ligeros, calculamos cinco horas, y en realidad tardamos algo más… Aunque no mucho más.
Jorge y yo tomamos la delantera, y a ratos por la pista, a trozos por neveros entre medias, hablando y caminando vamos acercándonos a las odiosas pistas de esquí y a tener una mayor visibilidad de la sierra y del majestuoso Veleta.
Paramos ya bastante arriba a descansar un rato, y a esperar al resto de miembros del equipo Violators Pru pruuuu en una destartalada y antigua casa del material técnico de las pistas.

Se hacen de rogar (¡como los buenos!) y yo mientras también imparto el colegueo con otra gente que hay por allí. Cuando les vemos aparecer bajo a echarles una mano, en especial a Rafa que el pobre llevaba macuto por partida doble, y a ver cómo andan.

Comemos algo juntos los cinco, y continuamos. Ahora todo por pista, pues ya vamos reventados y aún queda un trecho.
La idea es llegar al refugio forestal Villavientos, pasado el Veleta y el refugio de la Carihuela, en el lado más cercano al Mulhacén, pero el cansancio, el peso y todo lo ya ascendido nos pesan demasiado y al final, después del largo trayecto final que a todos se nos antojó eterno y latoso, dormiremos en el refugio vicac de la Carihuela, donde por suerte no hay mucha peña y sólo está Jose el sevillano, gran conocedor de toda la sierra.
Tiramos los bártulos y comemos o cenamos ya en condiciones. El atardecer se nos echa encima sin darnos cuenta, y tras algo de charla, decidir que haremos el Veleta antes del amanecer del día siguiente y unas últimas fotos...
...nos introducimos en los sacos.

Como yo no suelo dormir en la montaña y Rafa es consciente de ello, el pobre intenta cantarme nanas, pero sólo se sabe la de WarCry (guerreros y enemigos por doquiér... a ver quién se duerme así...) y la típica canción infantil de la que todos sabemos la melodía, pero la jodía letra se nos resiste. Algo así como el himno nacional… ¿no?

Y nada, después de compartir mini-almohada, anécdotas, nanas y otras canciones un poco más dignas y molonas, él se duerme y yo me dedico a dar vueltas en el saco, a contar vacas, ovejas y todo ganado que se me ponga por delante, a tararear canciones en mi mente y a escuchar con resignación los sonoros aunque por suerte lights ronquidos del compañero de refugio Jose, aquel que no durmió... como dijo al día siguiente.


Martes, 8 de diciembre

Suena el despertador de un móvil, y no tan vaguetes como otros días que vendrían después… Nos levantamos al rico té y desayuno que nos hacía el chef Tomeu, y yo agradezco que aunque siga siendo de noche, ya estemos todos en pie. ¡Las noches son eternas y aburridas a cualquier altitud sin dormir!
Nos llenamos las tripas y una mínima luz ya empieza a asomar por la costa y tierra de Almería. Y eso que queríamos hacer una nocturna al Veleta…
Aunque eso sí, de noche y con los crampones calzados, empezamos a ascender la loma que no tiene toda la nieve que esperábamos.
El alba ya nos araña el espíritu y entretiene la mirada y el paso, y no podemos dejar de admirar la belleza y detenernos casa 2x3 y 3x4 para visualizar el espectáculo que tenemos ante y frente a nosotros. Y encima en soledad.
Sempiternas auroras en los interminables cielos y nunca quietos vientos y aires de Sierra Nevada. Mágico. Y en poco más de 50m ya oteamos el vértice geodésico y la cumbre tan ansiada.
Ahora… Sí! Cumbre del Veleta anclado y varado a 3.396m sobre el nivel del mar; el cual se ve, yo me enamoro los ojos con su magnitud y claridad y… no sólo con eso, también tenemos visible Marruecos y parte del continente africano. Mágico.

Fotos y alegría visible por parte de todos. Se ve tooooodooo y más allá.
Y yo me imagino a las gaviotas por debajo de nosotros, ajenas a todo lo que acontece fuera de sus terrenos marinos. Y cruzando mares, mentes, oleajes...

Echo de menos a aquellos que no hacen lo que yo, pero que también están dentro de mí y una sonrisa pícara y diabluna se me escapa, dirección Madrid e Inglaterra. Convencida de que a más de uno le ha llegado y ha susurrado algo jamás o rara vez escuchado al oído.

Y entre tanto, me pierdo en fábulas de invención y por una vez, creo que no fui la última en bajar de la cumbre. Esos segunditos en los que a mí me gusta recrearme a solas…

Nos asomamos un poco más por debajo de la cumbre, al lado norte de la montaña. Precioso, puro hielo. La frialdad de la montaña que al menos por un lado se siente más altiva y libre de intrusos.
Qué pared tan cruelmente flemática.
Y los intrusos que por esta vez somos nosotros, ya vamos de camino al refugio entre risas y más vistas al teatro de paisajes y luces que nos ha regalado el cielo y el buen tiempo.

Llegamos, y creo que volvimos a desayunar algo más. Volvimos a recolocar los macutos, pues hoy sí tiraríamos para el Villavientos. Llegan más montañeros de paso al refu, pero hoy todos ya bajan de nuevo a Granada, pues a ellos se les ha acabado el puente y lo bueno que se daba por estos lares, mientras nosotros entramos y salimos mil veces reorganizando peso y material.
Ya con el sol bastante alto, empezamos a tirar hacia el otro refugio, con un calorazo andaluz que pa qué quillooo…

Sin pérdida, seguimos la pista y aunque se nos hace más largo de lo que habíamos imaginado dado que el camino hace más zetas que las que se veían desde la Carihuela, una vez llegamos a esta brecha entre las piedras y pizarras, ya el Villavientos queda a un tiro de piedra.
Unas dos horas desde el de la Carihuela o cerquita, eso sí, bien cargaditos.

Ya en el refugio, pues lo mismo. Más comida, más té y más fotos al atardecer.
Jorge duerme como un niño, y nosotros somos como niños.
Nos acurrucamos entre un primer saco de Tomeu, el resto de la expedición. Tenemos frío, y Sara baja su saco. Seguimos acurrucados y metiéndonos mano, pies, codos, culos... Menuda orgía más extraña ésta. Tomeu, el más listo, se ha introducido en su saco y pasa de todo y de nosotros a la vez. ¿Pero qué hacemos? Somos tontos, si hay más sacos… Pues nada, a bajar el mío y el de Rafa. Nos volvemos a colocar. Yo sobre Rafa y a medias con Sara, éste sobre Sara, y ella sobre Tomeu que sigue a su pedo.
Al poco, entre “Haz la cena”, “No, si no tenemos hambre…”, “No, ahora no, yo ya estoy durmiendo”, “Marta ¿quieres qué te viole?”, etc. vemos una cabeza del revés flotante asomando sobre la tarima de madera que dice con voz que suena somnolienta algo así como: ¿Qué hacéis? Que tengo hambre…

Qué cabrón, nos abandona en la orgía, duerme más que el sevillano de la Carihuela y encima nos exige la cena… ¡Pues habrá que cenar ya!

Y cenamos y seguimos con el cachondeo. “¡Id fuera y traed nieve!” “Alguien no lavó sus cacharros” “No, no, es que no me habéis dado tiempo a hacerlo…” Muy rico todo.

Y ahora sí, ya en orden la casa y con las tripas llenas… éstos se meten a los sacos y a mí me permiten poner música, yo a cambio les digo que no será demasiado brusca ni metalera, que la elegiré un poquito para no ahuyentarles al día siguiente o que me dejen sin comida… Algo difícil pues hay par dar y tomar, pero más vale prevenir...

Me relajo, echo de menos un billar, y mi ausencia se balancea en los océanos asfaltados y edificios de cristal, se pierde entre un café largo con leche o mejor un copazo de ron, también inexistentes. Y bueno, tras ser DJ y poner canciones que me piden, si es que las tengo en el móvil, llega la hora más odiada para mí en cada viaje de montaña. ¡El saco!


Miércoles, 9 de diciembre

Noche “no muy” larga, aunque ¡buf! y me parece mentira, habré dormido cerca de una hora. De ahí que cuando la alarma del mismo móvil relampagueé algo de estruendo en el silente refugio durante la noche, y que pone en pie a Rafa y Tomeu que van a hacer una canal o canuto como dicen por estos lugares cercana al refugio, me haga negarme a irme con ellos como dije el día anterior y quedarme en el refugio con Sara y Jorge dormitando algo más.

Los de la canal, no tardan mucho en volver y se vuelven a acostar. Y al cabo de hora y media lo menos, nos volvemos a poner en pie todos. Unos más tímidos a abandonar el saco que otros…
Desayuno energético y hoy haremos intento de cima en el Mulhacén.

Salimos del refugio sin mochilas y sin nada más que nosotros mismos y la ilusión. Qué bien sienta caminar sin nada detrás…
Pronto llegamos a la zona del refugio La Caldera, donde éste precioso circo rodea la zona...
...y grandioso también, ya se ve el Mulhacén que aunque no es tan bonito como el Veleta, es el pico más alto de toda la península ibérica.

Decidimos a merced de Sara por dónde tirar: si por la loma oeste, algo más fuerte y abrupta, o por la vía “normal”, donde andaremos más, pero será más suave la subida.
Nos decantamos por la oeste, más a mano y mejor puesta, y empezamos a ascender.
Jorge se adelanta y se queda solo en el ascenso, seguido de mí que le sigo los talones, aunque freno y pego una voz a los de abajo, para que al menos suba Rafa y me suba el chambergo no vaya a ser que por allí arriba pegue el viento y me muera de hipotermia con el buen día que tiempo que estamos teniendo…

Me sale al paso y Tomeu y Sara se quedan por detrás. Ya les esperaremos arriba nosotros.
Y tras unas hermosas vistas pegados a su lado norte, y ya por la parte más fuerte de la subida, estamos a menos de diez metros de la cima… Y no sé si será verdad lo que cuenta la leyenda del rey Muley Hacén y sus cenizas esparcidas en esta montaña, porque nosotros no vimos nada de eso, pero finalmente llegamos y coronamos el techo de la península con todo el subidón que ello conlleva.
A 3.482m tanda de fotitos. Ahora aquí, ahora así, ahora tú, y después yo…
Y echamos un vistazo alrededor y se sigue viendo media España y medio Marruecos y todo! Y el mar vuelve a saludarnos con algún que otro barco en su haber y otro también mar, pero de nubes, sobre él. Estampa inolvidable, aunque no superable a la del Veleta, con el amanecer como telón principal.

Esperamos un rato a Tom y Sara, que no aparecen. Nos asomamos Rafa y yo, no les vemos… Así que decidimos tirar para abajo y despedir la cima, o si eso ya volvemos a subir con ellos de nuevo… Pero no, es una despedida en toda regla, pues ellos están muy abajo y no entendemos qué puede ocurrir, pues parecía que iban subiendo bien.

Aprended la lección:
No os olvidéis jamás una cámara fotográfica en una piedra, roca o cualquier tipo de superficie oscura, si la funda, evidente de la cámara, también es oscura… Vamos, que directamente no soltéis una cámara y la dejéis a merced de las circunstancias; guardadla en un bolsillo, o el macuto más a mano que tengáis, si no sufriréis consecuencias de muy diversa magnitud…

Estaban buscando la cámara de Sara, que la había olvidado en una piedra, al borde del camino. Y como el camino es pequeño, y está poco vacío de pizarrones y rocas negruzcas, ahí los cinco buscando la cámara extraviada, como quien intenta localizar a Wally en sus muchos libros.

Yo por arriba con Sara, tramo por tramo, piedra por piedra… Rafa, entre medias del sendero, y Tomeu y Jorge más por debajo nos parecían cosquillear los pies y el ánimo para que siguiésemos buscando y con un poco de suerte a ver si la encontrábamos.

Entre yo que bajaba extasiada del Mulhacén y medio cegada por el hermano Sol, entre Sara que en las cuestas pronunciadas se le pone dura... ¡La espaldaaa! A ver qué os pensáis, malpensados de mirada sucia... Rafa que yo creo que seguía con el síntoma del embarazo causado por la traumática situación de portear dos macutos ya que Sara no podía por su lesión de espalda, y aunque ganas y entusiasmo no nos faltaron, al final y desde abajo oímos una voz queriendo decir que habían encontrado una cámara, que no sabían cuál era, pero chicos, no creo que el ascenso al Mulhacén sea un camposanto de cámaras perdidas y sin dueño…
Así que, bajamos para abajo, ya por lo menos con la esperanza de que aunque ellos no habían hecho cumbre, la cámara había sido encontrada, y sí, es que finalmente era la de Sara para quien pueda tener duda.

Con otro tresmil en el poder, en las retinas, el recuerdo, y en algunas de nuestras cámaras… volvemos a danzar hacia el refugio, ya con un cercano crepúsculo en los alrededores.

Cena y más fotos al atardecer
Tomeu y Rafa se van a hacer otra canal en el circo de La Caldera, donde está la propia laguna del mismo nombre...
...y yo, les sigo para acompañarles y aunque no vaya a hacer la canal, me quedaré unos minutos en el refugio si no hay nadie, pues me apetece soledad, noche y silencio por unos minutos.

A la vuelta, dado que me entretengo demasiado con mis pensares y la nocturnidad, ellos ya están de vuelta en el refugio y aprovechando que Sara y Jorge también están de pie, Sarita nos da una clase magistral de Astronomía y nos explica diferentes constelaciones.
A mí me tuvo que venir al pelo, porque ya me he visto sorprendida en Madrid mirando como tonta al cielo nocturno sin estrellas y buscando a Lira, Vega y hasta Casiopea, el Cinturón de Orión y el Cisne si me dejan y no me meten en un sanatorio mental antes…

Y nada más, como cada noche ellos al saco, y yo me quedo haciendo tiempo a ver si me tranquilizo e intento relajarme para dormir, poniendo algo de música y me vuelven a pedir temitas, yo vuelvo a ejercer de dj, y finalmente, elijo la última baladita de relax (Amaral si no recuerdo mal) y me subo también con ellos y me meto en mi saco.


Jueves, 10 de diciembre

En teoría, y debió ser así, dijimos de levantarnos sobre las 6:30 o 7 para reordenar todo y volver al refu de La Carihuela, donde ya pasaríamos la última noche y por la zona, haríamos alguna que otra cosita para pasar el día.
Pero no… Sonó la alarma, sí, e hizo su función de tal, pero Tomeu la apagó a pesar de que sonara dos veces, yo pasara del tema pues vi que nadie hablaba, y ni se movían, y nos volvimos a quedar adormilados, que en mi caso, no dormida pero en fase REM.

Cuando ya escuché algo de movimiento y, aunque todos cansados, aún no nos levantamos y nos quedamos charlando en los sacos, mientras el día ya estaba más que iluminado.
Creo que ese día, harta del saco y del descansar pero no dormir, me levanté la primera, y esperé al resto que aún se hicieron más de rogar. Menuda panda vagos estamos hechos…

Nos costó, y yo creo que hasta el desayunar, o creo que fue a mí... Da igual.
Empezamos a vaciar el refugio que nos había servido de casa y hogar durante dos días y dos noches, para meter todo en los macutos y regresar a Carihuela, el de la primera noche y bajo el Veleta.

Lo mismo, sin prisa pero sin pausa, retomamos la pista y llegamos a la primera parte de la travesía, la brecha que a mi tanto me gustó.
Y se sigue, que aún no estamos ni en la mitad del camino… Tomeu se adelanta y Jorge le sigue, yo me quedo entre medias, y al rato me disperso de Rafa y Sara pues me apetece caminar sola un rato.

Al rato, y en una de las revueltas del camino, me paro a descansar y ya Tomeu baja de vuelta para acompañar a Sara. Yo continúo y en otro descanso (se notan estas últimas cuestecitas), espero a Rafa que ya se acerca por debajo, y ya tiramos juntos al refugio donde nos espera Jorge y el apreciada agua, que ninguno llevábamos en las mochilas.

De coña, Jorge y yo empezamos a hablar de que no estaría nada mal bajar hoy al coche y volver a Madrid por la noche; que si un litro de café según bajara yo, y después en Madrid un billar, que si él quería ya ducharse y descansar en condiciones… Total, que al poco aparecen Sara y Tomeu y lo comentamos también con ellos. Y aceptamos entre todos, y decidimos comer algo rápido y bajar hacia el coche y después tirar para Madrid.

Dicho y hecho, en menos de hora y media desde el refugio estábamos ya en los coches, quitándonos las botas y la ropa, poniéndonos algo limpio, reorganizando por última vez los macutos, ya cada uno el suyo propio, y haciendo el reparto de la comida sobrante y del material prestado por unos y otros.

Y uno de mis momentos más ansiados por fin se hace realidad. Volvemos todos al albergue (no sé cuál pues allí hay un montón), y me pido casi casi literal, medio litro de café, mientras ellos también se toman algo. Qué bien sienta (en cierta medida y manera) volver a la civilización…

Y c’est fini. Volvimos a Madrid repartidos en los coches, paramos entre medias a vaciar la vejiga y a comprar algo de papeo, y el bueno de Jorge me acompañó a casa en su coche.

A ver cuándo repetimos otra compañeros de travesía.
¡Hasta pronto!
PD: Y nada más Sierra Nevada, como la primera vez y aún si cabe más encandilada de ti, tus perfiles y montañas, juegos de colores y luces, vientos y sombras, sé, volveré pronto...


¡Feliz Navidad y Feliz y Año a todos! Nos vemos en enero.
...Ahora toca Italia.

domingo 29 de noviembre de 2009

Camino ...E que chova!

Después de mi agradable y entrañable estancia en Sto. Domingo de la Calzada como hospitalera en el albergue de la Cofradía del Santo, volví hacia el pirineo navarro para comenzar otra peregrinación. Esta vez, desde Roncesvalles (Navarra) hasta Hornillos del Camino (Burgos).

Gracias a todos, peregrinos, hospitaleros, paisanos y un largo etc. por este maravilloso mes y medio. Saludos especiales a hospitaleros varios como Amor, Judy, Isabel, Julia, Pedro, José Luis, Llüisa, Miguel Ángel... y a peregrinos como: Julia, Miguel, Francisco, Juanito el de Humanes, Pedro, el cura mexicano, Pedro muñeca Famosa, el trío inglés del otoño Pringle y muchos más... ¿¡Cómo nombrar a todxs!?

Pensaba llegar a Santiago y antes de llegar a Galicia, Amor (una de mis compis hospitaleras con las que trabajé), dijo que se apuntaba a la aventura a mi paso por la capital leonesa, pero otros vientos soplaron en mi cabeza cuando salí de Burgos...







Y... después de todo y desde Burgos y en bus, volví a Santiago de Compostela: La ciudad del Apóstol.

...E que chova!

miércoles 30 de septiembre de 2009

GreDios again con circular al Morezón

Este lunes 28 de septiembre Rafa, mi primo Mario y la misma que escribe nos plantamos en Gredos con la idea de intentar alcanzar la cumbre de la Galana, tan huidiza en mi caso.
Visto el día y las ganas toda apuntaba a que tiraríamos para allá, sí. Pero no, cuando llegamos al Mirador de los Barrerones, el Almanzor y la propia Galana se empezaban a cubrir por unos nubarrones que no presagiaban nada bueno y que claro, nos tiraba un poco para atrás la idea.

Así aparecía mi querido circo gredense, al que desde mayo no visitaba


Estando allí, y puesto que teníamos ganas de alguna cima cercana e intentar evitar el posible chaparrón, empezamos a plantear ideas en el Mirador, donde a Mario le fuimos poniendo al día en cuanto a nombres, picos y cimas, curiosidades varias de la sierra, etc. mientras estas dos amigüitas, después de algo más de tres meses, volvían a reencontrarse.

Azofaifa y Rafaela en dicho reencuentro con el circo de Gredos al fondo




Tras este maravilloso y vacuno abrazo que nos hizo saltar la lagrimita... También nosotros queríamos ser retratados

Y Azo (que parecía ir de gala con su bandera tibetana blanca) me susurró al oído -no sin cierta timidez- que le hiciese una foto con su amigüito Bolel

Y nada, decidimos tirar para el Morezón, y ya por allí indagar algo. Aquí, un mar de piornos con la cumbre del Cabeza Nevada a la derecha.

Según íbamos avanzando y ascendiendo, más rebaños de cabras separados por sexos, nos iban apareciendo y dando la bienvenida de nuevo a uno de mis macizos favoritos. Aquí, las hembras y las crías con un maravilloso fondo.

Y mientras, también fotografío a Mario y a Rafa. Olé!

Y sin tardar mucho más, llegamos a la cima del día: Morezón y sus 2.393m de altitud.
Qué alegría volver a estar en "casa". Y encima, estrenamos cruz, que está recién reconstruida.

Desde luego el día, iba a dar tregua. Y las vistas, mágicas. Más especiales aún que la última vez, pero sin nieve. El mejor mirador del Circo, sin duda.



Plantamos allí los culos un buen rato deleitándonos con el paisaje, y de paso, haciendo nuevas amigas. Éstas cabras de Gredos cada día comen más y temen menos...

Y seguimos avanzando, ya de bajada. Un zoom a la zona sur de la sierra: Galayos.

Y yo que iba haciendo de guía, poco me equivoqué. Bajamos unas lomas con piedras y con sendero marcado y en breves alcanzamos las hermosas ruinas del antiguo refugio del Rey

Le echamos un vistazo rápido, y continuamos hacia el Puerto de Candeleda, y a pesar de que había bastantes toros por la zona, hicimos acopio de unos buenos pares de... (ovarios en mi caso), y atravesamos toda la llanura mientras éstos no nos quitaban ojo y Azo y Rafaela parecían nerviosas.
Aquí, echando un vistazo atrás. Arriba el Refugio derruido y abajo, algunos (que había muuuchos) toritos guapos!

Y unos metros en llano hacia el frente, observamos el mega hito del Puerto de Candeleda, y nos acercamos para observar por allí el percal

Nos entretuvimos tirando medio hito y reconstruyéndolo a nuestra manera y sin querer lapidamos a Rafaela y Azo, que estarían haciendo manitas, seguro. No son listas ni na!
Y después de rescatarlas, nos hicimos más fotos grupales.

La expedición de la Mariquita al poder! Ya nos imagino en invierno...

Y ya, sin saber muy bien qué hacer o por dónde tirar a pesar de ser bastante pronto, pues decidimos volver a la Plataforma por el valle.
Aquí, restos de la antigua estación de esquí (creemos...)

Y el propio valle

Un día estupendo donde al final acabamos en manga corta y sudando la gota gorda, una compañía como siempre adorable, y un regreso tan inesperado como espectacular al mejor observador de todo el Circo de Gredos.
Una ruta circular al Morezón, que no supo nada mal a pesar de que la Galana se siga quedando sin ser conquistada. Veremos el próximo intento...

Nos vemos desde Camino de Santiago.
Hasta pronto.

jueves 24 de septiembre de 2009

¡De vuelta!

El día 22 regresé a Madrid, después de tres meses en Lanzarote vuelvo a transitar (por corto espacio de tiempo) mi Ciudad favorita.
Parto el día 1 de octubre a La Rioja, al pueblo de Sto. Domingo de la Calzada para iniciar mi labor como hospitalera en el albergue Casa del Santo, dentro del Camino Francés a Santiago.

Tengo ganas de “volar” de nuevo. La isla resultaba ya en cierta forma opresiva. Y más a mí, con mi forma de ser tan activa e inquieta. De momento me gustaría poder disfrutar de la montaña, e intentar escaparme a Gredos será más que necesario o al menos, mínimo un día por la sierra de Guadarrama, que sin ser GreDios, también es una maravilla tenerla tan cerquita.

En este paréntesis tan diferente en la isla me ha dado tiempo a leer libros como El Retrato de Dorian Gray, De Profundis, El Salón de Ámbar, El Traje del Muerto, Otra Vuelta de Tuerca, volver a releer lo menos ya por 4ª vez de nuevo Las Desventuras del Joven Werther, Juan Salvador Gaviota, Ilusiones y aún sigo enamorándome de las catedrales en Las Rosas de Piedra.

He aprendido a cocinar (algo más) aunque me sigue sin gustar, a disfrutar aún más de cosas efímeras y “pequeñas” como los atardeceres frente al mar con el perro del vecino (el del chalé en Las Rozas) y que adoras, los amaneceres desde tu propia ventana que jamás defraudan, aunque esté muy nublado y aquí en Lanzarote (ya echaba de menos cielos grises avisando tormentas) no llueva nunca, y que por ello los ingleses cuando lo hace alguna vez, de las poquísimas veces que lo hace al año con cierta intensidad, consiguen enfurecerse e incluso, los más susceptibles, reclamar el dinero (menuda cara!) de su estancia en el hotel o villa, para más tarde marcharse a Inglaterra en el primer avión disponible. Será que echan de menos la lluvia y los eternos cielos grises de su otra isla inglesa.
He recorrido la isla al menos siete veces completa en coche, y por partes más pequeñas cuando el tiempo no era el suficiente… ¡A saber!

He entrado a la impresionante Cueva de los Verdes y he visto los cangrejos albinos únicos del mundo en los Jameos del Agua. Me he negado a pagar, aún siendo precio estúpido de residente canaria (4€ como mucho), en el único Parque Nacional que te cobra entrada: el Timanfaya, que ya desde el propio término del Parque y desde sus dos carreteras, se ve bastante bien y me hago una idea de su curioso (más no puedo decir bonito) paisaje, tan desolador, cual paraje lunar en ruinas pedregosas negras.
He visto simulacros de erupciones volcánicas, conocido a gente que trabaja estudiando los mismos volcanes, a canarios pocos y a muchos peninsulares con muchas ganas de fiesta, a pesar de ser una isla tan tranquila...
Qué estrés tenemos los que habitamos el continente a comparación. Y qué desesperante era el tener que esperar más de una, más de dos y hasta más de tres semanas para conseguir papeles de residencia, de empadronamiento, de contratos, de la ETT… Todo aquí es una eterna temporada estival, no sólo por motivos del tiempo atmosférico.

Que estoy predestinada a no realizar nunca submarinismo a pesar de los mil intentos desde los 16 años ya. Que lo único que he practicado ha sido snorkle (como sieeempre), y aquí con mucho más entusiasmo (que en la fría Coruña) ya que era lo único que he podido hacer en el agua, pues los cursos de submarinismo al final no los realicé porque Sergio se fue a Almería y me fastidió el negocio de hacerlo por dos duros en su Dive Center.

He aprendido muchísimas cosas, en diferentes ámbitos de la vida, por si no era suficiente (y nunca suele serlo). He tenido dos puestos de trabajo, que cambié por mejoras laborales, de conserje o guarda nocturna a socorrista-piscinera-camarera. Sí, todo junto queda mejor.

He aprendido también, que sigo siendo y sintiéndome tan libre para decidir y que no me gusta atarme a nadie ni a nada. Que las despedidas –esta vez, fue en un puerto del sur- no siempre son amargas, si no esperas nada más del lugar, y en cierta manera, de la persona, más en la distancia.

Que la amistad aquí existe detrás de unas cervezas con limón y unos chupitos con hielo. Que el Arehucas no es mal ron a pesar de parecer el único de la isla.
Que aquí no se fía porque con la amistad no se juega, y con los coches de matrícula de GC menos (en nuestro coche por suerte eso ya no aparecía y es que me debería dedicar a ser chófer profesional. Qué calidad en el compromiso tengo… Y a veces, hasta a la fuerza).

Que aquí la “montana” o acantilado más alto tiene 670m, aparente lo que aparente desde abajo, precioso eso sí, y que las fotos desde cumbre siempre serán dominadas por las nubes, vamos, que no verán apenas qué has subido o por dónde. Aunque siempre se verá agua, aunque estés en mitad de la nada y a oscuras. Agua, siempre. Y no siempre será el Mar, se sepa.

Que los mosquitos no te pican, llegan a violarte; y en la playa es mejor no dormir: contar estrellas y olas es mucho más divertido y si es con pies mojados ¡mucho mejor!

Los barcos abandonados siempre tienen su peligro, más si están en la superficie del agua desde los años 80, y aunque seas buena nadadora y te toque salvar en dos ocasiones al perro del vecino (el mismo del chalete, sí) es mejor no meterse en zona donde no todos llegan. Y si tu chico te tienta, tampoco es bueno moverse de la playa y las rocas porque después también te tocará salvarle a él… (y ahora no me río, vale? Fuerteventura queda lejos y no me oirás). Es que me tomé mi puesto de socorrista muy en serio, sólo es eso.

Y mejor pensar en verde, y no por la Heineken que aquí seguro está caliente por lo que tardan en servirte, si no por el bellísimo lago verde del Golfo. Daremos gracias a la olivina no siempre oscura de volcán, que el negro ya quema demasiado el paisaje…

Que me encanta conducir pero solamente con el riesgo de quedarme en un momento u otro sin gasolina (si no la emoción desiste), y que me puede pasar hacer noche en una gasolinera al norte de la isla, en la otra punta de mi casa (Playa Blanca, en pleno sur), porque éstas siempre las encontrarás cerradas o directamente, no hay nada más que piedras negras de volcán a tu alrededor.

Que la escalada SÍ existe en la isla, y tonta de mí, pero me enteré muy tarde para darle a la roca, y que al rocódromo tampoco podía entrar porque no estoy federada y encima te cobraban 5 eurazos. Así que ni siquiera a la falsa piedra pude acercarme.

Que Eva Amaral y Juan Aguirre conocen la existencia de las islas y dieron un concierto (al que no pude ir) en Tenerife.
Que siempre tendré canciones que no podré escuchar en ciertos momentos aunque me empeñe en hacerlo. Que un tal Pit Bull o algo así ha sido el éxito del verano, al menos siempre estaba haciéndonos “bailar” en los bares y garitos.

Que la música en directo y en vivo te acerca a los músicos de rock. Y qué músicos… (sin celos Bibiana, que también a ti te nombro, y a tu Italia natal también)


Y bueno, que todo esto quizá no sean más que vivencias de un verano mágico (e independiente como aquel inglés y encantador) en el que todo lo que he añorado aparte de Madrid y a mi gente de allí (de siempre, de montaña, y por supuesto familiares y demás), es a esos veranos pasados siempre junto al Mar Mediterráneo, y que aunque ahora me dé por cambiar los mares por océanos y el centro por norte o sur, todo tiene un punto de inicio y un final, y no es otro que en definitiva, el Mar azul.

(Y la –mía- Valencia que levantó los cimientos, ahora también sonreirá aunque sepa que ya no coloreo sus pilares con tanto énfasis)

Y que sea como sea, siempre recordaré con cariño Canarias (volveré pronto y quizá de nuevo para quedarme, sólo que en otra isla, lo sé) y Lanzarote, por supuesto. Y gracias a los compis, a mi primo por permitir que una okupa sin rastas ni cresta se quede con él y por compartir tantas cosas en común, y a los “más que amigos” que lo han hecho posible de manera tan querida.


Hasta siempre, Lanzarote.